jueves, 29 de enero de 2009

Paseo diario (mini-cuento)


Todos los días, a esta misma hora, la saco a pasear. El alegre tintineo de las llaves la excita y aprieta el paso hacia la puerta. Salimos. Aunque miles de olores nos guían por caminos ya recorridos, siempre me parece que todo es nuevo y sorprendente.

No quiero que se distraiga demasiado y la arrastro tirando de la correa. A veces se resiste, pero me compadezco de ella y dejo que salude a sus amigos y vecinos.
Cuando agito mi cola en señal de aprobación, sonríe feliz.

domingo, 25 de enero de 2009

In the time of the butterflies


En estos días, haciendo zapping en la tele, me sorprendió toparme con una película basada en el libro de Julia Alvarez: “In the time of the butterflies”. Sólo vi pedacitos de la película que tenía como protagonista a Salma Hayek como Minerva Mirabal y a Edward James Olmos como Leonidas Trujillo.

La verdad, no puedo opinar sobre el film, porque no lo vi completo, pero el libro sí lo leí hace años y puedo recomendarlo. Es una narración ficticia –pero basada en personajes y hechos históricos- sobre la vida de las hermanas Mirabal, unas jóvenes que se atrevieron a desafiar a la férrea dictadura de Trujillo. Las Mirabal se convirtieron en símbolo de la resistencia al ser emboscadas y asesinadas por los esbirros del régimen cuando regresaban de visitar a sus esposos presos en una cárcel lejana a la capital.

Aún hoy en día son veneradas en su patria, ya que su cobarde asesinato logró despertar las conciencias dormidas de muchos dominicanos, inspirándoles a luchar la democracia y la libertad.

Julia Álvarez tomó los hechos básicos de la historia y los convirtió en novela, curiosamente escrita en idioma inglés. Álvarez es dominicana, pero vive desde 1960 en Estados Unidos, a donde llegó su familia huyendo también de la dictadura. Es una escritora sensible a los temas del exilio, el desarraigo y la vida de los latinos que se debaten entre lo que dejaron atrás y el nuevo país al que no terminan de adaptarse. Este es precisamente el argumento de otra de sus novelas: “How the García girls lost their accents”.
La escritora ha ganado varios premios en su país adoptivo y desde hace años se dedica a la enseñanza de la literatura en una universidad americana. Sus libros están traducidos al español y, a pesar del aislamiento al que estamos sometidos en los últimos años los venezolanos con la restricción de dólares para publicaciones extranjeras, es posible conseguirlos en alguna que otra librería.

domingo, 18 de enero de 2009

El cine "políticamente correcto"


















Para los que no nos alejamos mucho de Caracas durante la transición al nuevo año, el cine significó un buen escape.

A mí me gusta
Mucho lamento que las expectativas que había generado toda la publicidad sobre este filme no se reflejaran en pantalla. La sinopsis es simple (quizás, demasiado) una chef venezolana intenta abrirse campo en Inglaterra (¿por qué Londres y no París?) y regresa al país con las tablas en la cabeza. Su admirado chef británico viene por unos días a Caracas, y ella tendrá que alternar con el arrogante europeo en los fogones de un lujoso hotel caraqueño. Varias situaciones se suceden entre todos los empleados, que deciden hacerle la guerra al musiú. Inesperadamente surge el romance con happy end previsible, etc. La película tiene buena fotografía, unas cuantas escenas graciosas y muchos gaps que la limitan. El principal: ¿cuándo fue que los protagonistas se enamoraron? No hubo ni siquiera un leve intercambio de besitos... ¿Será que en la edición nos perdimos algo?

Cuando hice estos comentarios ante algunos amigos, casi todos me regañaron: que si hay que apoyar al cine nacional, que si no hay groserías y la temática no es vulgar, que si muestran lo mejor del país y un bonito mensaje, etc, etc. A pesar del chaparrón, no me convencieron. Si el filme pretende mostrar lo venezolano, es increíble que se obvie la inseguridad (lo primero que teme un extranjero aquí) y la polarización política (imposible de ignorar en los últimos 10 años). Al final, la película queda como en el aire, desmarcada de toda realidad, flotando en el limbo de una Venezuela ideal que nadie se cree que exista. No estoy en contra de variar la temática en el cine nacional ni creo que todas las películas deban exhibir el realismo crudo de Secuestro Express (¡muy buena, por cierto!!), pero aún en el género de comedia debe haber algún asidero a la realidad. Caso contrario termina pareciendo una película casi encargada por las autoridades, “políticamente correcta”, como para no herir a nadie.

Lo que me gustó: bien logrados el compañerismo de los cocineros, el personaje de la Pichi (la típica sifrinita cabeza hueca, pero simpática) y su relación con la hermana; la escenita de los protagonistas cocinando en la playa (lástima que se quedó trunca, ya que prometía un romance que nunca se llega a ver).

En fin, los peligros de lo “políticamente correcto”.

Caramel
Aquí hay que quitarse el sombrero ante esta película libanesa-francesa sobre las aventuras y desventuras de varias mujeres ligadas a una peluquería de Beirut. El nombre Caramel viene del ungüento que se utiliza en el mundo árabe para la depilación. Esta podría clasificarse como una película tragicómica, con una mezcla de humor entre dulce y triste.

Layale, la dueña de la peluquería, es una mujer que ronda los treinta y desperdicia su vida enamorada de un hombre casado; la empleada más joven está a punto de casarse y enfrenta a la posibilidad de ser repudiada por no llegar virgen al matrimonio; otra de las chicas descubre que le gustan más las mujeres que los hombres; una actriz de edad madura se niega a reconocer su edad y una costurera vecina se debate entre un merecido amor y el deber de cuidar a su hermana trastornada. La manera como estos personajes encaran sus problemas, en medio del apoyo y la solidaridad, logra el favor del público (no solo el femenino) de diferentes culturas y países.

Caramel está muy bien lograda y actuada, ganó reconocimientos en Cannes durante su estreno y posee un argumento sólido, actuaciones inmejorables y escenas que se agradecen, como la del policía enamorado de Layla que al observarla hablando por teléfono reproduce con insólita ternura una conversación imaginaria. En este filme tampoco hay groserías, sexo explícito ni violencia, pero realmente no hacen falta, y esto no la convierte automáticamente en “políticamente correcta”.

Australia
Esta superproducción, protagonizada por los taquilleros Hugh Jackman y Nicole Kidman es una historia épica que cuenta una historia de amor entre finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado. Al filme no le falta nada de lo que mueve al público sin demasiadas exigencias: el previsible romance entre la aristócrata inglesa y el rudo capataz, un niño que acerca al espectador a la secreta cosmogonía aborigen, racismo, prejuicios sociales, una naturaleza espectacular y acción trepidante por más de dos horas que -por lo menos para mí- nunca se hicieron largas.

Sí, en Australia, hay todos los estereotipos del gran cine de Hollywood; hay melodrama, pasiones desbordadas... pero, ¡qué bien combinados están todos estos elementos! Es un filme sin mayores pretensiones, hecho sencillamente para entretener y hacerlo a lo grande. Lady Ashley viaja al país-continente con la intención de obligar a su esposo a vender sus tierras para que regrese a la civilizada Inglaterra, pero éste ha sido asesinado el día de su llegada. Cuando está a punto de vender el rancho, se entera de la ambición desmedida del ayudante de su esposo, un tipo deshonesto y racista, que tiene un hijo aborigen al que detesta. El afán de proteger al niño y de hacer justicia llevan a la arrogante aristócrata a pactar con el rudo capataz (Hugh Jackman) el traslado de miles de caballos a través del desierto australiano y por ahí se va la historia, que incluye el amor maternal que despierta el pequeño aborigen en la protagonista y los terribles bombardeos de la ciudad de Darwin, por parte de los japoneses, en plena Segunda Guerra Mundial.
La parte “políticamente correcta” de la película denuncia el hipócrita racismo de ingleses y australianos blancos contra mestizos y aborígenes, simbolizados por el niño Nullah y su familia materna. Por cierto, es este pequeño actor, Brandon Walters, quien se roba el show de todo el filme. A su corta edad -once años- desborda talento. Su personaje, un niño que tiene una mágica conexión con la naturaleza a través de su abuelo chamán, cuenta la historia en primera persona, introduciéndonos en el relato desde los primeros minutos. Hay escenas muy bien logradas, como la de Nullah enfrentando con sus poderes la estampida de caballos, todas las tomas de la naturaleza y la escena de la repentina aparición del capataz en la fiesta de la alta sociedad (que nos hizo suspirar a todas las féminas, ja, ja).

En general, la película me pareció una épica tipo “Lo que el viento se llevó”, así que no se la recomiendo a quien no le guste ese tipo de melodramas. Pero a quien le guste el romance, la acción, la naturaleza autraliana y comprenda porqué Clark Gable provocaba los suspiros de nuestras bisabuelas, sin duda no pasará un mal rato contemplando al recio Hugh Jackman.

Madagascar 2
Y bueno, ¿cómo perderse Madagascar 2, después de haberme reído tanto con la primera?
Esta vez los simpáticos animalitos neoyorquinos llegan por fin a África, gracias a la línea aérea de los alocados pingüinos. En el selvático continente vivirán una serie de aventuras –en mi opinión no tan graciosas como en el primer largometraje- pero con buenos momentos, donde los pingüinos, el rey lémur y la viejita se roban el show.
El final deja entrever que muy pronto veremos la tercera parte de esta animación que parece -a ratos- dirigida más a los adultos que a los niños.

viernes, 2 de enero de 2009

Una de Gaturro


Para comenzar el 2009 con optimismo y con fe, pido prestado un mensajito de Gaturro, tira cómica del genial Nik.