Mostrando entradas con la etiqueta Centro Excursionista Caracas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Centro Excursionista Caracas. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de octubre de 2012

Ascenso al cerro Santa Ana





Aprovechando el puente con motivo del 24 de julio, el Centro Excursionista Caracas (CEC) organizó una excursión al estado Falcón, con el objetivo de ascender al cerro Sta. Ana (830 msnm), la montaña más alta de la Península de Paraguaná.

La noche del viernes 20 de julio salimos de Caracas un grupo de entusiastas excursionistas llegando con las primeras horas del día siguiente a los médanos de Coro, lo que nos permitió disfrutar de un hermoso amanecer entre las dunas, deleitándonos al tomar fotografías en ese maravilloso escenario natural.

Pronto seguimos camino hacia Adícora, hicimos un toque técnico en la posada y nos instalamos a pasar el día en la playa de esa localidad, famosa por sus aficionados al windsurfing. En la tarde, visitamos las salinas de Las Cumaraguas y el Cabo San Román, situado en la parte más septentrional de Venezuela. Al día siguiente, muy temprano, la mayoría nos dirigimos al Monumento Natural Cerro Santa Ana, mientras otro grupo se disponía a pasar el día en la playa El Supí.  En la entrada al parque, luego de recibir las amables instrucciones y recomendaciones del guardaparques, comenzamos la caminata, bajo un cielo despejado que nos permitía apreciar el contorno de la montaña.

A medida que ascendíamos por la angosta senda podíamos apreciar el cambio de la vegetación, desde xerófila en los primeros metros hasta convertirse en selva nublada y la zona predominantemente rocosa de la cumbre. El camino se fue haciendo más tupido y lleno de barro y la humedad era notoria. En la última parte, valiéndonos de cuerdas, tuvimos que escalar un tramo de unos 20 metros, así como otras subidas que retaban nuestras fuerzas y dominio del vértigo. Vale la pena destacar la solidaridad de los compañeros más hábiles, quienes en todo momento nos ayudaron a superar los difíciles obstáculos que imponía la subida. El premio: una vista perfecta de la península desde la cima, así como del mar circundante.

Celebramos la cumbre, sacudidos por el fuerte viento y disfrutando nuestro almuerzo, rodeados por un paisaje imponente. Finalizamos el día en las aguas tranquilas de la playa El Supí, junto con el resto de los compañeros. A la mañana siguiente, de regreso a Caracas, nos detuvimos unas horas en Coro, para apreciar su casco colonial, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco e hicimos un toque técnico en la Vela de Coro, primer lugar donde ondeó la bandera nacional gracias al Generalísimo Francisco de Miranda.

Fueron tres días intensos, en los que pudimos disfrutar de cerro, playa, arquitectura, gastronomía e historia, con la camaradería y compañerismo típicos de los integrantes e invitados del CEC. ¡Mejor imposible!

jueves, 2 de febrero de 2012

Del páramo al llano: Camino Real del Quinó





Los miembros del Centro Excursionista Caracas (CEC) tenemos la fortuna de disfrutar los paisajes contrastantes y recorrer los caminos de inigualable belleza que nos ofrece la geografía venezolana. Uno de ellos es el Camino Real del Quinó. Para finalizar el 2011 y comenzar con buen pie el 2012, dos grupos de miembros del CEC transitamos este antiguo camino, que lleva en cuatro días desde Mérida hasta Barinas.

Salimos de noche en transporte público desde Caracas para llegar a la ciudad de Mérida a la mañana siguiente, donde ya en el terminal estaban muy atentos los representantes de Ekkaia, Turismo de Base Comunitaria, la institución que organiza este recorrido, conjuntamente con los habitantes y baquianos locales. Luego de un emocionante viaje en rústico de unas tres horas, con la correspondiente parada para disfrutar de los pastelitos andinos en Mosnandá, llegamos a Los Nevados, uno de los más bellos pueblos andinos, que parece colgado de la Sierra Nevada, con gente amable y hospitalaria. Allí almorzamos antes de caminar por una hora hacia el Río Nuestra Señora, mientras las mulas llevaban nuestros morrales y los caminantes tomábamos fotos y admirábamos los mágicos colores de la tarde andina. Luego de una hora más o menos de subida llegamos a la Hacienda El Carrizal, donde fuimos recibidos por el señor Francisco Castillo y su familia, con quienes compartimos durante la cena y el desayuno, entre cuentos y anécdotas de la zona.

A la mañana siguiente, un cielo despejado nos reveló la cumbre del Pico El Toro, visible desde la Hacienda y luego, a una media hora de camino, contemplamos de lejos la cara norte del Pico Bolívar. Entre páramos sembrados de frailejones, el camino discurría en zig-zag, rodeaba verdes montañas cercadas por precipicios, subía y bajaba entre piedras y nos alejaba de todo vestigio de civilización. Cerca de las 5 llegamos al campamento de Boca de Monte. Aquí ya habíamos dejado atrás los frailejones y la vegetación era de media montaña. En la noche, luego de una cena frugal, nos deleitamos contemplando el cielo estrellado, pero pronto el frío nos empujó a las carpas.

Con el nuevo día continuamos la caminata la mayor parte del tiempo por una bajada resbalosa y cerrada, típica de la selva nublada. Nos rodeaban helechos y bromelias, la temperatura era templada y el día fresco hasta bien entrada la tarde, cuando el olor de los cafetales y el calor nos avisaron que ya estábamos llegando a El Quinó, un caserío encantador, en el límite con el estado Barinas, con su pequeña iglesia y el cuadrilátero de grama de la Plaza Bolívar. Allí nos alojamos en la Mucuposada La Paragüita. En la noche disfrutamos de la amabilidad de nuestros anfitriones y de los cantos y poesías de los habitantes del pueblo, así como de una suculenta cena.

La última jornada de camino transcurrió por bosques y veredas más anchas, subidas y bajadas de notable pendiente, que nos llevaron directamente al calor del llano. Fue maravilloso contemplar los variados tonos de verde de la sabana y los copos de nubes que se perdían en el infinito al aproximarnos a la Mucuposada Vista Hermosa. Aquí la mayoría disfrutó de un chapuzón en una poza y estuvimos rodeados de las atenciones de Edgar Pérez y su familia, quienes nos llevaron al día siguiente hasta Socopó, nuestro último destino y desde donde tomaríamos el autobús que nos regresaría a Caracas, muy contentos luego de otra maravillosa experiencia recorriendo los caminos de nuestra Venezuela.