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viernes, 5 de octubre de 2012

Ascenso al cerro Santa Ana





Aprovechando el puente con motivo del 24 de julio, el Centro Excursionista Caracas (CEC) organizó una excursión al estado Falcón, con el objetivo de ascender al cerro Sta. Ana (830 msnm), la montaña más alta de la Península de Paraguaná.

La noche del viernes 20 de julio salimos de Caracas un grupo de entusiastas excursionistas llegando con las primeras horas del día siguiente a los médanos de Coro, lo que nos permitió disfrutar de un hermoso amanecer entre las dunas, deleitándonos al tomar fotografías en ese maravilloso escenario natural.

Pronto seguimos camino hacia Adícora, hicimos un toque técnico en la posada y nos instalamos a pasar el día en la playa de esa localidad, famosa por sus aficionados al windsurfing. En la tarde, visitamos las salinas de Las Cumaraguas y el Cabo San Román, situado en la parte más septentrional de Venezuela. Al día siguiente, muy temprano, la mayoría nos dirigimos al Monumento Natural Cerro Santa Ana, mientras otro grupo se disponía a pasar el día en la playa El Supí.  En la entrada al parque, luego de recibir las amables instrucciones y recomendaciones del guardaparques, comenzamos la caminata, bajo un cielo despejado que nos permitía apreciar el contorno de la montaña.

A medida que ascendíamos por la angosta senda podíamos apreciar el cambio de la vegetación, desde xerófila en los primeros metros hasta convertirse en selva nublada y la zona predominantemente rocosa de la cumbre. El camino se fue haciendo más tupido y lleno de barro y la humedad era notoria. En la última parte, valiéndonos de cuerdas, tuvimos que escalar un tramo de unos 20 metros, así como otras subidas que retaban nuestras fuerzas y dominio del vértigo. Vale la pena destacar la solidaridad de los compañeros más hábiles, quienes en todo momento nos ayudaron a superar los difíciles obstáculos que imponía la subida. El premio: una vista perfecta de la península desde la cima, así como del mar circundante.

Celebramos la cumbre, sacudidos por el fuerte viento y disfrutando nuestro almuerzo, rodeados por un paisaje imponente. Finalizamos el día en las aguas tranquilas de la playa El Supí, junto con el resto de los compañeros. A la mañana siguiente, de regreso a Caracas, nos detuvimos unas horas en Coro, para apreciar su casco colonial, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco e hicimos un toque técnico en la Vela de Coro, primer lugar donde ondeó la bandera nacional gracias al Generalísimo Francisco de Miranda.

Fueron tres días intensos, en los que pudimos disfrutar de cerro, playa, arquitectura, gastronomía e historia, con la camaradería y compañerismo típicos de los integrantes e invitados del CEC. ¡Mejor imposible!

domingo, 30 de marzo de 2008

Aventura en los Morros de San Juan








En el estado Guárico, justo en el centro-norte de mi país, se encuentran unas curiosas formaciones que rompen la monotonía del paisaje llanero. Son Los Morros de San Juan, un par de macizos que han prestado su nombre a la capital del Guárico y se han convertido en meta de excursionistas y escaladores.

Se cree que esta singular formación rocosa está conformada por antiguos arrecifes coralinos erguidos en una extraña posición, la cual tomaron como resultado de la presión ejercida por la Placa del Caribe contra el Escudo de Guayana, cuando se estaba desarrollando la Serranía del Interior.

Los morros tienen una vegetación dominante de sabana, chaparrales, estepas de gramíneas y praderas secas, así como pequeñas proliferaciones de bosque montano a su pie, con arbustos y cardonales. El paisaje de sabana de la zona constituye el portal de entrada a los llanos venezolanos.

El morro mayor tiene una altura de 1060 metros sobre el nivel del mar. La temperatura promedio oscila entre 28° y 30° C. En 1949 un decreto los convirtió en el Monumento Natural “Arístides Rojas”, el cual abarca ambas cimas y una zona de protección de 1630 hectáreas a su alrededor.

El dictador Juan Vicente Gómez mandó construir en 1929 un faro en el morro mayor, el cual guiaba a los llaneros que pastoreaban de noche. Con el advenimiento de la navegación aérea, el faro también sirvió por mucho tiempo como referencia a los pilotos de los primeros aviones que surcaron nuestros cielos.

Para subir al faro se construyeron, igualmente, una serie de escaleras metálicas que han resistido el paso del tiempo y permiten a los excursionistas que desafíen el vértigo ascender a la cima máxima en aproximadamente una hora.

El lugar también resulta ideal para los amantes de la escalada en roca. Cuenta con diferentes rutas de variada dificultad y en la ciudad de San Juan se pueden encontrar escuelas de escalada que ofrecen entrenamiento y traslados para la práctica de este deporte. En la zona también funcionan escuelas de parapente y es frecuente observar durante los fines de semana a los deportistas, quienes planean en sus coloridos vehículos de vuelo libre cerca de los morros.

Para aquellos que prefieran opciones menos arriesgadas es recomendable visitar en las afueras de la capital de Guárico las aguas termales del lugar, alabadas hace un par de siglos por el sabio Alejandro de Humboldt. Son poseedoras de un alto contenido de sulfato y muy reconocidas por sus poderes curativos.

Desde Caracas se llega a la zona por la Autopista Regional del Centro, tomando luego de La Encrucijada la vía Cagua-Villa de Cura-San Juan de los Morros. El Monumento Natural “Arístides Rojas” se encuentra luego de pasar esta ciudad.

Fragmentos de mi diario
12 de junio de 2005

“Debido a lo empantanado del camino por las recientes lluvias, el autobús no nos pudo acercar mucho a la base de los morros y tuvimos que caminar una media hora hasta la entrada. Allí comenzó la subida hasta llegar a la pared, lo cual logramos cerca de una hora después.

Entonces comenzó lo bueno. Para subir al faro se colocaron en los años veinte (¡del siglo pasado!) una serie de escaleras metálicas que facilitan el ascenso. El camino estaba lleno de barro y se puso muy resbaloso, debido a una molesta lluvia que se presentó cuando estábamos a mitad del recorrido. Continuamos nuestro ascenso con mucha prudencia y ayudándonos unos a otros. Fuimos contando las dichosas escaleritas y en total resultaron: ...¡21! No recordaba que fueran tantas la primera vez que subí, hace siete años. Esta vez, con el barro y la lluvia, fue mucho más emocionante. Las primeras escaleras no son tan largas y están casi horizontales, pero a mitad de camino la cosa se pone interesante con escaleras cada vez más altas, de unos 20 escalones, y completamente verticales.

En una hora llegamos a la cima. Entonces, bajo el típico sol llanero de la una de la tarde, tuvimos nuestra recompensa. A nuestro alrededor se podía observar claramente la ciudad de San Juan de los Morros, los llanos centrales de Guárico, el morro más pequeño y a lo lejos, la Cordillera de la Costa. Todo era nítido y hermoso, el paisaje aparecía completamente prístino y con todos los tonos de verde que la naturaleza regala tras las lluvias”.

domingo, 27 de enero de 2008

Jaime, no es más que un hasta luego



Así tal como dice Héctor en su blog y como dice la canción. El viernes pasado decidiste precedernos en esa excursión final, la definitiva y muy probablemente también llena de aventuras, a la que todos estamos destinados.

Cómo extrañaré tu grata charla, tus comentarios eruditos y amenos sobre temas que iban de lo humano a lo divino, la picardía de tus palabras, pero sobre todo, tu sonrisa.

En esta foto estamos tu hermana Paz, tú y yo, en la puerta de la posada El Buen Jesús, en el hermoso pueblo de Los Nevados, en la excursión del CEC en 2005.

Si existe ese más allá en el que no creías, quiero imaginarte rodeado de la naturaleza que tanto amaste y recorriste con pasión de montañero: los Andes venezolanos, el Camino de Santiago, los llanos, el Roraima, y un Ávila siempre verde y primaveral.

¡Hasta luego, compañero!

martes, 8 de enero de 2008

Domingo de Reyes en el Pico Oriental








Esta es una de esas excursiones típicas del CEC que nadie se debe perder.

El primer domingo del año –que en el 2008 cayó Día de Reyes- siempre subimos al Pico Oriental. La idea es conmemorar el primer ascenso serio, verificado e histórico a la Silla de Caracas, efectuado en similar fecha allá por el año 1.800 y que tuvo como protagonistas a Alexander Von Humboldt y Aimeé Bonpland.

En aquella época fue toda una hazaña y hoy... bueno, hoy es una simple excursión que de todos modos requiere resistencia física y entusiasmo para un ascenso constante de aproximadamente 4 horitas. Con la grata compañía de los panas del CEC se hicieron cortas.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Almuerzo Navideño del CEC







Otra vez fue en Galipán el tradicional almuerzo navideño del Centro Excursionista Caracas (CEC). En esta ocasión, el restaurante elegido: Horno, Leña y Pan, con una vista envidiable de los cultivos de la zona, que a ratos las nubes se empeñaban en ocultarnos.

Veteranos y jóvenes, caras nuevas y otras más experimentadas se dejaron ver y sentir. Un grupo de aproximadamente 50 excursionistas con muchos kilómetros de bagaje en las montañas venezolanas (y unas cuantas del exterior) nos dimos cita en el Ávila, pero esta vez no con ánimo deportivo, sino con el objetivo de compartir y disfrutar de un excelente menú navideño, abundantemente regado por sangría y vinos diversos.

En el almuerzo hubo muchas razones para brindar: el éxito de las excursiones del año 2007, el próximo viaje a los volcanes de México y la elección de la nueva junta directiva, donde repite el veterano Hans como presidente, Héctor es el nuevo Vice, Maria Eugenia se estrena como directora de Relaciones Públicas y Manuel fue elegido por aclamación director de Excursiones. También se realizó el tradicional Concurso de Fotografía.

Se comió, se bebió, se cantó; alguien hasta se lanzó a declamar atrevidos versos, fue una tarde inolvidable con el telón de fondo del Mar Caribe. Cerca del ocaso, la neblina se fue despejando para dejarnos ver en el horizonte el Picacho de Galipán: la mejor de las despedidas.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Sabas Nieves-Silla de Caracas


Diario del camino: 16-09-07

Salimos como las 8 de la mañana desde Sabas Nieves para dirigirnos a la Silla de Caracas; una excursión regular, de unas tres horas de ascenso y similar número de horas para bajar. El día prometía sol y cumplió. Afortunadamente, los bosques de No Te Apures nos protegieron de sus rayos.

Subimos en alegre manada, unos 20 excursionistas; no elegimos capitán, reinó la informalidad. Poco a poco formamos pequeños grupos, según nuestro grado de entrenamiento, afinidad y ritmo de caminata. La conversa giró en torno a diferentes tópicos intrascendentes. Llegamos al Banquito en una hora y desde allí a No Te Apures caminamos los acostumbrados 20 minutos. En este punto descansamos un rato. Alguien recordó a una amiga enferma y ahora surgieron de manera espontánea los comentarios sobre la fragilidad de la vida –nuestra propia fragilidad- y la necesidad de vivir cada instante al máximo. Alguien dijo: “Vivir el presente”. Parece un cliché más.

Para tomar unas fotos me aparto del grupo y me adelanto un poco. La belleza y los colores de las flores me sorprenden en este camino que he transitado tantas veces. Siento que un manto verde me rodea, estoy consciente de la pureza del aire que respiro, adivino de cerca la neblina y me dejo envolver por ella. El viento y el frío erizan mi piel. Estoy cerca de la cumbre. El cielo se abre nuevamente y un rayo de sol me alcanza.

El Avila me arropa y vivo el momento.

sábado, 16 de junio de 2007

Fragmento de mi diario del Camino de Santiago








Viernes 25 de mayo de 2001

Hoy salimos caminando desde Sarria como a las 9:30 o un poco antes. Sellamos nuestros pasaportes en el hotel y en la estación de policía. Las calles son muy pintorescas, pasamos por un monasterio del siglo XIII, llamado de la Magdalena, frente a un cementerio antiguo. La temperatura era de 8° C y el tiempo estaba nublado. Saliendo del pueblo, el camino pasa por unos bosques preciosos con puentes de piedra y una vía de ferrocarril a su derecha, luego sigue por campos cultivados, vimos rebaños de vacas y de cabras y algunos campesinos. Nos saludan con un “¡Buen camino!”. Son educados, amables y un poco tímidos.

Cuando llevábamos menos de una hora caminando pasamos por Rente y otros pequeños pueblitos (villas), atravesamos varios ríos por pequeños puentes. En un albergue de piedra en Barbadelos (¡bueno, casi todo es de piedra por aquí!) nos sellan el pasaporte nuevamente. Me fijé en unas construcciones rectangulares que hay en los campos. Olga me explicó que son graneros llamados hoirros, están construidos a un medio metro sobre el piso para que los roedores y otros animales no los alcancen ni se inunden cuando llueva mucho.

Luego llegamos a un punto donde se atraviesa la carretera y aprovechamos para comer un poco y descansar. Después pasamos por Ferreiros, donde hay un albergue y un pequeño bar, puse el sello en el albergue y continué hacia Portomarín. Los pies me molestaban bastante, especialmente el derecho, pero fui despacio, saboreando el camino, tomando fotos y filmando. Hay un puente enorme sobre el río Miño que conduce a la ciudad. Este río llega hasta Portugal. Después del puente hay unas escaleras sobre un pequeño puente que lleva hasta una especie de capillita. Adentro pude divisar la imagen de un santo. Creo que es Santiago. Subí, tomé fotos y filmé a través de la reja, y seguí por el camino de la derecha buscando la posada. Las calles están bastante solitarias. Le pregunté a una señora rubia, pero resulta que era una turista alemana y no hablaba ni inglés. Entonces divisé a una señora local vestida de negro y le pregunté a ella. Fue muy amable al indicarme en gallego la dirección de la Pousada de Portomarín y sonrió cuando le dije que era de Venezuela. Noto que la gente aquí es austera, casi todos visten de negro. Los locales son al principio un poco “montunos”, pero después se abren y te tratan bien.

Muy cerca de la Pousada está una pequeña iglesita, la de San Pedro, que data de 1182. Me contaron que también fue traída desde abajo y colocada aquí en los años sesenta, cuando la ciudad entera fue mudada debido a la construcción del embalse de Belesar.

Tomé fotos, filmé, lástima que está cerrada. Luego fui a la Iglesia de San Nicolás. Tiene una extraña fachada que recuerda a una fortaleza, con torres en cada extremo del rectángulo. Por otra parte, no es muy grande. Posee una sola nave. Es románica, del siglo XII y su capitel semeja al de Santiago de Compostela con Jesús y los 24 ancianos del Apocalipsis. Me sellaron el pasaporte y filmé y tomé fotos adentro y afuera. Luego recorrí las callecitas céntricas, todas de piedra. Predominan los balcones verdes adornados con flores, es una ciudad muy pintoresca que me recuerda a los pueblitos andinos, los colores predominantes son el blanco y la piedra. La chica que coloca el sello en la iglesia de San Nicolás me dijo que en ese templo, y asumo que también el de San Pedro, fue reconstruido piedra por piedra en dos años.

A las 8:30 tuvimos la cena en el restaurante de la pousada. Yo tomé caldo galego y lenguado a la plancha. Muy sabroso todo. Y cuando estaba terminando la cena y nos disponíamos a retirarnos, nuestros guías nos dieron una sorpresa: apareció un conjunto de música gallega con sus gaitas, panderetas, tambores y trajes típicos. Nos trasladamos a la terraza del hotel y casi todos terminamos bailando, hasta yo, aún con mis pies adoloridos. Conversé con otros huéspedes del hotel, quienes están haciendo el camino de una manera muy curiosa. Ellos son gallegos y viven en Santiago, lo que hacen es que manejan hasta una ciudad, duermen en un hotel cómodo y bien temprano en la mañana siguiente se regresan en transporte público hasta el sitio anterior y caminan desde allí a la ciudad donde dejaron el automóvil. Son dos parejas de mediana edad. Comenzaron esta singular manera de hacer el camino hace unos pocos años y ahora están en la etapa final. Fue una velada muy alegre y agradable. Nos fuimos a dormir cerca de las doce.

viernes, 27 de abril de 2007

Encuentro en el Parque Cuevas del Indio























El domingo 22 de abril el Centro Excursionista Caracas (CEC) organizó un gran encuentro con varias actividades en el Parque Cuevas del Indio, en La Guairita. Fue un día especial, donde miembros activos de este club de aventureros nos dimos la mano con un grupo de los veteranos que nos precedieron en la práctica de este emocionante deporte.
Hubo mini-talleres sobre lectura de mapas y uso del GPS, llenado de morrales, tips de primeros auxilios y, por supuesto, emocionantes prácticas de escalada y rapel, para lo cual contamos con la colaboración espontánea de la montañista y campeona de escalada Flor Boscán, nuestro veterano presidente, Hans Schwarzer, así como las compañeras Ana Da Luz y Adriana López y miembros del Grupo de Rescate Humboldt.
Los demás módulos estuvieron a cargo de Jesús Fernández, Juan Vásquez, Eloy Boulton, Héctor Pérez, Elizabeth Sánchez y quien suscribe.
Fue un día para el reencuentro y el compartir en familia, la gran familia del CEC y sus amigos. Las fotos hablan por sí solas.

Bambú


El creador del Aikido, el sensei Morihei Ueshiba, aconsejaba a sus seguidores:

“Estudia las enseñanzas del árbol de pino, del bambú y del cerezo florido. El pino es admirado por estar siempre verde y por sus raíces firmes. El bambú es fuerte, flexible e indestructible. El cerezo florido es robusto, fragante y elegante”.

Así debe ser el alumno, dicen los monjes que practican el zen y los maestros de artes marciales. Así deberíamos ser todos, fuertes y flexibles a la vez, para alcanzar el equilibrio y mantener la serenidad.

lunes, 16 de abril de 2007

Una mañana en el cortafuego






























La subida al Avila está restringida nuevamente. Los caraqueños amantes de esta montaña ya nos estamos acostumbrando a esta medida, tomada por las autoridades cada año durante la época de sequía como una manera -a mi parecer- ingenua de prevenir los incendios en el cerro.

Digo ingenua, porque a pesar de la restricción, a pesar de las revisiones que realiza la Guardia Nacional a los morrales y koalas de los excursionistas que suben por los tramos permitidos, los incendios continúan. Además, los guardias requisan por algunos puntos y por otros no. Eso lo pude comprobar ayer domingo 15 de abril, cuando subí por la entrada Gamboa, de San Bernardino, junto con otros 33 compañeros del Centro Excursionista Caracas (CEC). Dos guardias muy diligentes nos revisaron en busca de fósforos o yesqueros y luego, al caminar por el cortafuego cerca de la entrada de La Florida, observamos jóvenes fumando tranquilamente y caminantes que suben con sus perros –algo absolutamente prohibido en el Parque Nacional-. En fin, paciencia.

A pesar de todo, fue una mañana muy agradable. Caminé con mis amigos unos 7 kilómetros y medio, desde Loma del Viento en San Bernardino, hasta el Puesto de Guardaparques Sabas Nieves, en Altamira. Fue un recorrido muy tranquilo, la mayor parte en terreno plano, aunque con algunas subidas y bajadas, sobre todo después del Puesto de Guardaparques Chacaíto. Desde antes de las 8 de la mañana hay trotadores en ese tramo y numerosos caminantes que aprovechan el privilegio de observar la ciudad desde la altura, atravesando bosques donde se esconden orquídeas y surgen cascadas y aves de la verde vegetación. Casi todo el camino es sombreado. Hay miradores naturales en cada curva, donde los despreocupados capitalinos contemplamos el rostro de una Caracas por fin serena y amable, diferente a la de todos los días.
Con mañanas así uno regresa al hogar reconciliado con el mundo.

domingo, 25 de marzo de 2007

Proyección de fotos de la Expedición Ecuador 2007


Están cordialmente invitados
a la proyección fotográfica:
"Expedición Ecuador 2007",

del Centro Excursionista Caracas (CEC)


a cargo de Manuel Fraga y Aurora Pinto.


Ven y comparte la experiencia de recorrer y ascender

a las hermosas y retadoras montañas del Ecuador.

Fecha: 31 de marzo
Hora: 3:00PM
Lugar: Sede del Centro Excursionista Caracas.
Avda. Santa. Sofía Sur, zona del Polideportivo, Urb. Santa Sofía, El Cafetal.

Después de pasar la Clínica Santa Sofía, dos o tres cuadras más arriba al llegar al Polideportivo tomar por la calle de la izquierda y justo en la última esquina del campo está nuestra sede

miércoles, 21 de febrero de 2007

Más cerca del cielo en El Tisure















Este Carnaval decidí huir nuevamente de la ciudad. Con mis compañeros del Centro Excursionista Caracas (CEC) recorrí unos 30 kilómetros de caminata por las montañas andinas. Fue una travesía por la Sierra de Santo Domingo. Comenzamos a unos 80 kms de Mérida, en la carretera trasandina, a la altura del Hotel Los Frailes. Desde allí salimos los veinte excursionistas, acompañados por arrieros locales y los diez caballos que transportarían nuestros morrales.

Caminaríamos desde el sábado hasta el lunes, con dos frías noches de campamento en el páramo. La primera noche dormimos a unos 3 mil 600 metros de altura, varios kilómetros antes de El Potrero, lugar donde se encuentra la capilla de El Tisure, levantada pacientemente por Juan Félix Sánchez, uno de los destinos principales de la excursión. Esa noche estrellada y hermosa la temperatura bajó a –2 °C; nuestras carpas se escarcharon y la altura afectó a algunos de nosotros. Pero no nos amilanamos. Al día siguiente, ya con el sol derramándose generoso sobre nuestras cabezas, continuamos la ruta, que incluía varias subidas y bajadas. Observamos lagunas, frailejones, águilas, caballos salvajes.

A mediodía, llegamos a la capilla de El Tisure. Juan Félix Sánchez, quien vivió toda su vida en la zona, se dedicaba al pastoreo de ganado y caballos. Pero no era un campesino común y corriente. Estaba dotado de habilidades artísticas que lo hicieron un excelente arquitecto, tallista y albañil autodidacta. Además, tenía una inquebrantable fe religiosa. Con la paciencia acumulada de quien vive años en el medio de la nada, pudo construir sin ayuda una pequeña capilla en homenaje a la Virgen de Coromoto en uno de los lugares más privilegiados de nuestros Andes. La capilla se encuentra enclavada en un mirador natural orientado hacia los valles del río Tisure. Es un lugar encantado, rodeado de pinos y donde se respira espiritualidad y sosiego.

Luego de la muerte de Sánchez en 1997, el lugar estuvo un poco descuidado y pasó a ser regentado por personas que no tenían idea de lo que significa la conservación de monumentos. Actualmente, se encuentra bajo la tutela de Inparques, lo que ha evitado que siguiera siendo objeto de robos y desmantelamiento. Dentro de la capilla se encuentra un altar, unas cuantas sillas muy rústicas, algunas de las tallas que representan la pasión de Cristo. Detrás, en un promontorio, hay un pequeño calvario, con los elementos del vía crucis.

Sorprende la belleza de la capilla construida de piedra, el tino de Sánchez para elegir el lugar de la construcción, las proporciones perfectas, la perdurabilidad de su obra, luego del paso del tiempo. Quizás sea una suerte que no se pueda acceder a este sitio por carretera. La única manera es a pie o a caballo, invirtiendo muchas horas y esfuerzo, como lo hicimos nosotros.

Luego visitamos la casa de Sánchez, situada a unos 15 minutos de la capilla, en el valle de El Potrero y continuamos nuestro camino ascendiendo y descendiendo cerros hasta nuestro próximo campamento, a 3.400 metros de altura. Al día siguiente atravesamos varios valles. Inmensos, hermosos y solitarios. Subimos un alto de unos 3.900 metros y llegamos hasta la pequeña villa de Micarache. Desde aquí hasta Gavidia todavía nos faltaba una media hora de descenso bajo el ardiente sol. En Gavidia tomamos unos jeeps que nos trasladaron hasta Mucuchíes, desde donde emprenderíamos el largo regreso en bus hasta Caracas. Llegamos a la capital el martes a mediodía, agotados, pero satisfechos, luego de disfrutar de los paisajes andinos y haber estado –aunque fuera por unos pocos días- más cerca del cielo.

sábado, 10 de febrero de 2007

Domingo en El Avila















El domingo 04 de febrero fui con mis amigos del Centro Excursionista Caracas (CEC) a la fila, específicamente a un lugar poco conocido, llamado La Puerta de Hércules.

El día amaneció lluvioso, pero poco a poco el sol logró imponerse y las nubes decidieron retirarse. Subir a la fila del Avila es un privilegio. Uno puede contemplar la ciudad y al darse vuelta, extasiarse con el azul infinito del Mar Caribe.

La Puerta de Hércules está conformada por dos grandes rocas que se encuentran cerca de El Urquijo, esa bifurcación que lleva hacia el Pico Naiquatá, por el este y hacia el largo camino que conduce al Pico Oriental, por el oeste.

Allá arriba, la ciudad parece más amable, uno está completamente alejado de sus prisas. El aire es más puro, se respira belleza. El Avila es, sin duda, la mejor medicina para el cuerpo y el espíritu.