domingo, 18 de enero de 2009

El cine "políticamente correcto"


















Para los que no nos alejamos mucho de Caracas durante la transición al nuevo año, el cine significó un buen escape.

A mí me gusta
Mucho lamento que las expectativas que había generado toda la publicidad sobre este filme no se reflejaran en pantalla. La sinopsis es simple (quizás, demasiado) una chef venezolana intenta abrirse campo en Inglaterra (¿por qué Londres y no París?) y regresa al país con las tablas en la cabeza. Su admirado chef británico viene por unos días a Caracas, y ella tendrá que alternar con el arrogante europeo en los fogones de un lujoso hotel caraqueño. Varias situaciones se suceden entre todos los empleados, que deciden hacerle la guerra al musiú. Inesperadamente surge el romance con happy end previsible, etc. La película tiene buena fotografía, unas cuantas escenas graciosas y muchos gaps que la limitan. El principal: ¿cuándo fue que los protagonistas se enamoraron? No hubo ni siquiera un leve intercambio de besitos... ¿Será que en la edición nos perdimos algo?

Cuando hice estos comentarios ante algunos amigos, casi todos me regañaron: que si hay que apoyar al cine nacional, que si no hay groserías y la temática no es vulgar, que si muestran lo mejor del país y un bonito mensaje, etc, etc. A pesar del chaparrón, no me convencieron. Si el filme pretende mostrar lo venezolano, es increíble que se obvie la inseguridad (lo primero que teme un extranjero aquí) y la polarización política (imposible de ignorar en los últimos 10 años). Al final, la película queda como en el aire, desmarcada de toda realidad, flotando en el limbo de una Venezuela ideal que nadie se cree que exista. No estoy en contra de variar la temática en el cine nacional ni creo que todas las películas deban exhibir el realismo crudo de Secuestro Express (¡muy buena, por cierto!!), pero aún en el género de comedia debe haber algún asidero a la realidad. Caso contrario termina pareciendo una película casi encargada por las autoridades, “políticamente correcta”, como para no herir a nadie.

Lo que me gustó: bien logrados el compañerismo de los cocineros, el personaje de la Pichi (la típica sifrinita cabeza hueca, pero simpática) y su relación con la hermana; la escenita de los protagonistas cocinando en la playa (lástima que se quedó trunca, ya que prometía un romance que nunca se llega a ver).

En fin, los peligros de lo “políticamente correcto”.

Caramel
Aquí hay que quitarse el sombrero ante esta película libanesa-francesa sobre las aventuras y desventuras de varias mujeres ligadas a una peluquería de Beirut. El nombre Caramel viene del ungüento que se utiliza en el mundo árabe para la depilación. Esta podría clasificarse como una película tragicómica, con una mezcla de humor entre dulce y triste.

Layale, la dueña de la peluquería, es una mujer que ronda los treinta y desperdicia su vida enamorada de un hombre casado; la empleada más joven está a punto de casarse y enfrenta a la posibilidad de ser repudiada por no llegar virgen al matrimonio; otra de las chicas descubre que le gustan más las mujeres que los hombres; una actriz de edad madura se niega a reconocer su edad y una costurera vecina se debate entre un merecido amor y el deber de cuidar a su hermana trastornada. La manera como estos personajes encaran sus problemas, en medio del apoyo y la solidaridad, logra el favor del público (no solo el femenino) de diferentes culturas y países.

Caramel está muy bien lograda y actuada, ganó reconocimientos en Cannes durante su estreno y posee un argumento sólido, actuaciones inmejorables y escenas que se agradecen, como la del policía enamorado de Layla que al observarla hablando por teléfono reproduce con insólita ternura una conversación imaginaria. En este filme tampoco hay groserías, sexo explícito ni violencia, pero realmente no hacen falta, y esto no la convierte automáticamente en “políticamente correcta”.

Australia
Esta superproducción, protagonizada por los taquilleros Hugh Jackman y Nicole Kidman es una historia épica que cuenta una historia de amor entre finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado. Al filme no le falta nada de lo que mueve al público sin demasiadas exigencias: el previsible romance entre la aristócrata inglesa y el rudo capataz, un niño que acerca al espectador a la secreta cosmogonía aborigen, racismo, prejuicios sociales, una naturaleza espectacular y acción trepidante por más de dos horas que -por lo menos para mí- nunca se hicieron largas.

Sí, en Australia, hay todos los estereotipos del gran cine de Hollywood; hay melodrama, pasiones desbordadas... pero, ¡qué bien combinados están todos estos elementos! Es un filme sin mayores pretensiones, hecho sencillamente para entretener y hacerlo a lo grande. Lady Ashley viaja al país-continente con la intención de obligar a su esposo a vender sus tierras para que regrese a la civilizada Inglaterra, pero éste ha sido asesinado el día de su llegada. Cuando está a punto de vender el rancho, se entera de la ambición desmedida del ayudante de su esposo, un tipo deshonesto y racista, que tiene un hijo aborigen al que detesta. El afán de proteger al niño y de hacer justicia llevan a la arrogante aristócrata a pactar con el rudo capataz (Hugh Jackman) el traslado de miles de caballos a través del desierto australiano y por ahí se va la historia, que incluye el amor maternal que despierta el pequeño aborigen en la protagonista y los terribles bombardeos de la ciudad de Darwin, por parte de los japoneses, en plena Segunda Guerra Mundial.
La parte “políticamente correcta” de la película denuncia el hipócrita racismo de ingleses y australianos blancos contra mestizos y aborígenes, simbolizados por el niño Nullah y su familia materna. Por cierto, es este pequeño actor, Brandon Walters, quien se roba el show de todo el filme. A su corta edad -once años- desborda talento. Su personaje, un niño que tiene una mágica conexión con la naturaleza a través de su abuelo chamán, cuenta la historia en primera persona, introduciéndonos en el relato desde los primeros minutos. Hay escenas muy bien logradas, como la de Nullah enfrentando con sus poderes la estampida de caballos, todas las tomas de la naturaleza y la escena de la repentina aparición del capataz en la fiesta de la alta sociedad (que nos hizo suspirar a todas las féminas, ja, ja).

En general, la película me pareció una épica tipo “Lo que el viento se llevó”, así que no se la recomiendo a quien no le guste ese tipo de melodramas. Pero a quien le guste el romance, la acción, la naturaleza autraliana y comprenda porqué Clark Gable provocaba los suspiros de nuestras bisabuelas, sin duda no pasará un mal rato contemplando al recio Hugh Jackman.

Madagascar 2
Y bueno, ¿cómo perderse Madagascar 2, después de haberme reído tanto con la primera?
Esta vez los simpáticos animalitos neoyorquinos llegan por fin a África, gracias a la línea aérea de los alocados pingüinos. En el selvático continente vivirán una serie de aventuras –en mi opinión no tan graciosas como en el primer largometraje- pero con buenos momentos, donde los pingüinos, el rey lémur y la viejita se roban el show.
El final deja entrever que muy pronto veremos la tercera parte de esta animación que parece -a ratos- dirigida más a los adultos que a los niños.

2 comentarios:

Jaime A. Arévalo R. dijo...

Estimada Aurora, ante todo mis felicitaciones por tu blog. Considero que es un excelente aporte a la blogsfera, sobre todo para aquellos que como yo, somos amantes del 7mo. arte.
No puedo dejar pasar la oportunidad para darte mi impresión en torno a lo que llamas cine "Politicamente correcto". Y me refiero puntualmente a tu crítica en relación a la película venezolana "A mi me gusta".
Se puede criticar la liviandad de la trama, la falta de denuncia social y la ausencia del clima de polarización politica en la que nos encontramos. Sin embargo no podemos perder de vista que se trata de una COMEDIA ROMANTICA (?Tal vez la primera producida en venezuela?).
?Hasta cuando las críticas a nuestro cine solo reflejan la posición de una elite intelectual que reclama profundidad, denuncia social y compromiso politico con todo lo que aparece en la pantalla? No podemos dejar de reconocer que existe una MAYORIA de personas que vamos al cine como mecanismo de evasión, a distraernos y a oxigenar nuestras caldeados animos. Tenemos de sobra con Globovisión, Nelson Bocaranda, Marta Colomina y el propio Alo Presidente, para cargarnos con las desgracias sociales y politicas en las que estamos inmersos.
Mi familia y yo vamos al cine a distraernos y, ojala, a divertirnos un poco. Bastante falta nos hace en estos momentos una buena dosis de optimismo, de alegria y de apego a lo nuestro. ? O es que sólo Hollywood (y ahora Bollywood) tienen licencia para la comedia ligera y romántica?
A mi ME ENCANTÓ "A mi me gusta" porque demuestra que SI SE PUEDE hacer cine divertido, que nos haga reir e incluso sacar una que otra lagrimita. Que ademas sea tan de buena calidad en fotografia y musicalización que el comentario mas común sea: NO PARECE UNA PELICULA VENEZOLANA. ?Y sabes porque? Porque estamos mal acostumbrados a que nuestro cine tiene que ser vulgar, de mala calidad, marginal y/o intelectualoide. Debemos salir de ese cliche y asumir que tenemos recursos y capacidades, así como un pais que aún no hemos perdido del todo y que es uno de los mas bellos del mundo. Te convido a que relexiones sobre ello. Muestra de esta reflexión será ver publicado este comentario.

Saludos,

Aurora Pinto dijo...

Hola, Jaime:
Aún en la comedia romántica puede haber calidad, buen gusto y sobre todo, coherencia en el guión. No soy crítica de cine y mucho menos intelectualoide. De hecho me encanta el cine ligero y rescato que su intención sea distraer. Tampoco pienso que debe haber contenido social en todo, pero como público tengo derecho a aspirar a lo mejor para el cine nacional. Quiero ver a mi cine brillar dentro y fuera de Venezuela.
Por cierto, en nuestro país se ha hecho mucha comedia desde hace mucho tiempo. Hace muchísimos años, me viene a la mente películas de Amador Bendayán y de Juliàn y Chuchín. Hace unos 20 años recuerdo "Anita Camacho", donde una simpática sirvienta interpretada por Elba Escobar traía de cabeza a todos los hombres de la urbanización. Más recientemente, "Puras joyitas"... en fin. Hay una historia de comedias en el cine nacional que espero continúe... pero sí creo que tenemos derecho a pedir más y mejor. Para muestra, una película francesa (no todo es Hollywood) como Lo Mejor de Nuestras Vidas: buen gusto, sutileza y un guión impecable y coherente de principio a fin... pero, bueno, ya casi estoy escribiendo otra entrada sobre el mismo tema.
Jaime, celebro dos cosas:
1- Tu interés en el cine nacional
2- Que te hayas tomado la molestia de leer mi blog y hacerme llegar tu opinión.

Un abrazo y bienvenido!