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domingo, 1 de junio de 2008

¡Una meta lograda!






He subido y bajado montañas en plena tempestad, pero nunca antes había corrido con lluvia. Y nunca pensé que lo haría; pero siempre hay una primera vez para todo.

De los 10 kms del Maratón de Avon dedicado a la lucha contra el Cáncer, al menos los primeros siete fueron bajo la la poderosa descarga de las nubes. Cosa que no amilanó a los 6 mil participantes. Algunos con paraguas, otros con ponchos plásticos y la mayoría sin mayor protección que el entusiasmo partimos a las 7:38 a.m. del domingo 01 de junio por una húmeda Av. Principal de Las Mercedes rumbo al Cafetal.

Ya cerca de Caurimare la lluvia arreció de tal manera que no había manera de esquivar los enormes charcos, así que al sonido del agua sobre el pavimento se agregaba el "splash, splash" de cada pisada. Por un momento volteo hacia la persona que tengo a mi derecha; es una mujer de unos 40 años que sonríe y estira los brazos en cruz con las palmas hacia el cielo. "No luches con el agua, recíbela con alegría, como una manifestación más de la vida", parece decirme sin palabras.

Entonces me olvido de las gotas que mojan mi cara y bañan mi cuerpo y recuerdo que corro por la vida; corro por las amigas, las compañeras de trabajo que ya no están y también por las que sobrevivieron, por las mujeres de mi familia Pinto y por las mujeres de mi familia Paredes, que han vencido con valor y la ayuda de sus esposos e hijos esa terrible enfermedad; entonces, toda incomodidad y todo esfuerzo me parece pequeño; cuando bajo hacia la Río de Janeiro escampa, consigo fuerzas para hacer el último "sprint" y alcanzo la meta. Por ellas, por nosotros, por ustedes, por todos.

domingo, 30 de marzo de 2008

Aventura en los Morros de San Juan








En el estado Guárico, justo en el centro-norte de mi país, se encuentran unas curiosas formaciones que rompen la monotonía del paisaje llanero. Son Los Morros de San Juan, un par de macizos que han prestado su nombre a la capital del Guárico y se han convertido en meta de excursionistas y escaladores.

Se cree que esta singular formación rocosa está conformada por antiguos arrecifes coralinos erguidos en una extraña posición, la cual tomaron como resultado de la presión ejercida por la Placa del Caribe contra el Escudo de Guayana, cuando se estaba desarrollando la Serranía del Interior.

Los morros tienen una vegetación dominante de sabana, chaparrales, estepas de gramíneas y praderas secas, así como pequeñas proliferaciones de bosque montano a su pie, con arbustos y cardonales. El paisaje de sabana de la zona constituye el portal de entrada a los llanos venezolanos.

El morro mayor tiene una altura de 1060 metros sobre el nivel del mar. La temperatura promedio oscila entre 28° y 30° C. En 1949 un decreto los convirtió en el Monumento Natural “Arístides Rojas”, el cual abarca ambas cimas y una zona de protección de 1630 hectáreas a su alrededor.

El dictador Juan Vicente Gómez mandó construir en 1929 un faro en el morro mayor, el cual guiaba a los llaneros que pastoreaban de noche. Con el advenimiento de la navegación aérea, el faro también sirvió por mucho tiempo como referencia a los pilotos de los primeros aviones que surcaron nuestros cielos.

Para subir al faro se construyeron, igualmente, una serie de escaleras metálicas que han resistido el paso del tiempo y permiten a los excursionistas que desafíen el vértigo ascender a la cima máxima en aproximadamente una hora.

El lugar también resulta ideal para los amantes de la escalada en roca. Cuenta con diferentes rutas de variada dificultad y en la ciudad de San Juan se pueden encontrar escuelas de escalada que ofrecen entrenamiento y traslados para la práctica de este deporte. En la zona también funcionan escuelas de parapente y es frecuente observar durante los fines de semana a los deportistas, quienes planean en sus coloridos vehículos de vuelo libre cerca de los morros.

Para aquellos que prefieran opciones menos arriesgadas es recomendable visitar en las afueras de la capital de Guárico las aguas termales del lugar, alabadas hace un par de siglos por el sabio Alejandro de Humboldt. Son poseedoras de un alto contenido de sulfato y muy reconocidas por sus poderes curativos.

Desde Caracas se llega a la zona por la Autopista Regional del Centro, tomando luego de La Encrucijada la vía Cagua-Villa de Cura-San Juan de los Morros. El Monumento Natural “Arístides Rojas” se encuentra luego de pasar esta ciudad.

Fragmentos de mi diario
12 de junio de 2005

“Debido a lo empantanado del camino por las recientes lluvias, el autobús no nos pudo acercar mucho a la base de los morros y tuvimos que caminar una media hora hasta la entrada. Allí comenzó la subida hasta llegar a la pared, lo cual logramos cerca de una hora después.

Entonces comenzó lo bueno. Para subir al faro se colocaron en los años veinte (¡del siglo pasado!) una serie de escaleras metálicas que facilitan el ascenso. El camino estaba lleno de barro y se puso muy resbaloso, debido a una molesta lluvia que se presentó cuando estábamos a mitad del recorrido. Continuamos nuestro ascenso con mucha prudencia y ayudándonos unos a otros. Fuimos contando las dichosas escaleritas y en total resultaron: ...¡21! No recordaba que fueran tantas la primera vez que subí, hace siete años. Esta vez, con el barro y la lluvia, fue mucho más emocionante. Las primeras escaleras no son tan largas y están casi horizontales, pero a mitad de camino la cosa se pone interesante con escaleras cada vez más altas, de unos 20 escalones, y completamente verticales.

En una hora llegamos a la cima. Entonces, bajo el típico sol llanero de la una de la tarde, tuvimos nuestra recompensa. A nuestro alrededor se podía observar claramente la ciudad de San Juan de los Morros, los llanos centrales de Guárico, el morro más pequeño y a lo lejos, la Cordillera de la Costa. Todo era nítido y hermoso, el paisaje aparecía completamente prístino y con todos los tonos de verde que la naturaleza regala tras las lluvias”.

martes, 8 de enero de 2008

Domingo de Reyes en el Pico Oriental








Esta es una de esas excursiones típicas del CEC que nadie se debe perder.

El primer domingo del año –que en el 2008 cayó Día de Reyes- siempre subimos al Pico Oriental. La idea es conmemorar el primer ascenso serio, verificado e histórico a la Silla de Caracas, efectuado en similar fecha allá por el año 1.800 y que tuvo como protagonistas a Alexander Von Humboldt y Aimeé Bonpland.

En aquella época fue toda una hazaña y hoy... bueno, hoy es una simple excursión que de todos modos requiere resistencia física y entusiasmo para un ascenso constante de aproximadamente 4 horitas. Con la grata compañía de los panas del CEC se hicieron cortas.

jueves, 3 de enero de 2008

Año Nuevo en Aguirre

















A unos cuantos kilómetros de los calores valencianos hay un pueblo de templada temperatura que ofrece a sus visitantes no sólo las bondades de su clima sino los frutos de la laboriosidad de su amable gente: miel, artesanía, cuarzo y posadas donde encontrar tranquilidad.

Sosiego (palabra extraña en estos días) es un esquivo estado del alma para cualquier caraqueño. Pero en la Hacienda La Concepción me fue posible recuperarlo por unos días, gracias a los cuidados que brinda el Dr. Efraín Hoffman, su atenta familia y el dinámico equipo de su Spa.

Despedimos el Año Viejo y recibimos al Nuevo con nuevos y viejos amigos, al ritmo de la parranda del pueblo.

¡Una receta infalible para recargar las energías!

domingo, 18 de noviembre de 2007

Otra vez Caracas Nike Corre 10 km



El pasado domingo 11 de noviembre fue la tercera edición de esta carrera, ya legendaria en el circuito de corredores.

Como siempre, la estrategia de mercadeo funcionó como el mecanismo de un reloj bien aceitado. La promoción, la entrega de la franela con tecnología "dry fit”, la organización de todo el evento fluyó sin problemas. Este año la ruta varió imprimiéndole mayores retos a los participantes al incluir unas cuantas subidas.

A la hora señalada, bajo unas leves nubes que nunca se trocaron en lluvia, unos 7 mil corredores aceptamos el reto. La marea azul cubrió las avenidas Francisco de Miranda y Libertador. Nuevamente sentimos el viento en nuestros rostros, la adrenalina a millón y esa alegría difícil de explicar a quienes no corren.

Correr es un acto sublime, instintivo, que nos recuerda nuestra naturaleza animal y al mismo tiempo, enaltece el espíritu. Es al mismo tiempo demostración de fuerza, locura, estrategia y euforia.

Correr es ser libre y ser libre es ser feliz.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Sabas Nieves-Silla de Caracas


Diario del camino: 16-09-07

Salimos como las 8 de la mañana desde Sabas Nieves para dirigirnos a la Silla de Caracas; una excursión regular, de unas tres horas de ascenso y similar número de horas para bajar. El día prometía sol y cumplió. Afortunadamente, los bosques de No Te Apures nos protegieron de sus rayos.

Subimos en alegre manada, unos 20 excursionistas; no elegimos capitán, reinó la informalidad. Poco a poco formamos pequeños grupos, según nuestro grado de entrenamiento, afinidad y ritmo de caminata. La conversa giró en torno a diferentes tópicos intrascendentes. Llegamos al Banquito en una hora y desde allí a No Te Apures caminamos los acostumbrados 20 minutos. En este punto descansamos un rato. Alguien recordó a una amiga enferma y ahora surgieron de manera espontánea los comentarios sobre la fragilidad de la vida –nuestra propia fragilidad- y la necesidad de vivir cada instante al máximo. Alguien dijo: “Vivir el presente”. Parece un cliché más.

Para tomar unas fotos me aparto del grupo y me adelanto un poco. La belleza y los colores de las flores me sorprenden en este camino que he transitado tantas veces. Siento que un manto verde me rodea, estoy consciente de la pureza del aire que respiro, adivino de cerca la neblina y me dejo envolver por ella. El viento y el frío erizan mi piel. Estoy cerca de la cumbre. El cielo se abre nuevamente y un rayo de sol me alcanza.

El Avila me arropa y vivo el momento.

domingo, 26 de agosto de 2007

Orbitrek


Contrariamente a lo que piensa la mayoría, el ejercicio no sólo es para los gordos. También se aplica a los flacos la larguísima lista de sus beneficios a la salud, rebaja del colesterol, etc; pero a mí lo que me importa es que sencillamente me gusta y es una de las actividades que me desestresa, lo malo es que en estos días no he podido ejercitarme como acostumbro.

Trabajo en el centro de Caracas y vivo en el Este, así que el regreso a casa es toda una proeza; me salí del gimnasio al que acudía un par de veces a la semana, últimamente llegaba demasiado tarde y tenía que hacer cola para usar los aparatos. Por otra parte, las lluvias que azotan la capital en los últimos meses me han alejado de mi primera opción que es hacer ejercicio al aire libre. Así que decidí copiar lo que muchos cultores del ejercicio hacen: llevar el gimnasio a la casa.

Luego de estudiar y medir todos los aparatos cardiovasculares que ofrecen las tiendas especializadas: trotadoras, bicicletas, etc, me decidí por la Orbitrek, total, es la que usaba en el gimnasio y ahora me saldría más barato tenerla en casa.

Comparé precios, visité tiendas hasta que conseguí lo que buscaba a un precio razonable. En fin, elegí la más barata, sin pulsómetro porque ya tengo uno. El problema era que el aparato en cuestión pesa unos 25 kilos y las tiendas, si te lo dan armado no te lo llevan hasta tu casa y si lo entregan en tu hogar viene desarmado en una cajota que tienes que romper para empezar el suplicio del ensamblaje de las piezas.

Cuando le pregunté a la chica de Beco si era muy difícil armarla, la joven sonrió beatífica y me aseguró que ella misma lo había hecho varias veces y era facilito. No sé por qué, pero no le creí. De todos modos, compré la Orbitrek y me la llevaron puntualmente el viernes en la tarde. Cuando abrí la caja y pude hojear las instrucciones casi me desmayo. Hay un gráfico que incluye una 70 piezitas, el lenguaje me lucía esotérico, plagado de palabras como pivote, cigueñal, arandela, que me evocaban (¡no sé por qué!) las partes de un barco. Luego del susto me alejé de la caja por un par de horas para asimilar el golpe.

Cuando me le acerqué nuevamente, ya había decidido llamar a un amigo (¡o a dos!) que me pudiera ayudar. ¡Este no es trabajo para jevas!, pensé. Pero un poco por curiosidad, comencé a observar el diagrama y a ensamblar las piezas y en una hora y cinco minutos... milagrosamente... ¡lo logré!

Sólo como medida de precaución, tengo a mano las herramientas, en caso de que algo se afloje.