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martes, 22 de noviembre de 2011

Lo que nunca debe decirle a un periodista (II)


La escena se repite con alarmante frecuencia: la entrevista entre un ejecutivo de una empresa y un periodista ha terminado. El comunicador apaga el grabador, cierra su libreta. Los dos personajes intercambian tarjetas de presentación, se despiden y de pronto el ejecutivo suelta la siguiente frase: “Quiero ver el artículo (reportaje, video, etc) antes de que sea publicado”. ¡Error! ¡Error! ¡Error!

Esta una muestra de otro de los desaciertos que cometen los voceros de una empresa al conceder entrevistas. En principio, se trata de un gran irrespeto hacia el profesional de la comunicación que visita a la empresa, una subestimación terrible de sus capacidades y/o ética. No hay que olvidar que el reportero no es su empleado ni está allí para hacer quedar bien ni mal a una determinada compañía. El periodista trabaja para un medio de comunicación social y es a ese medio al que debe responder y de quien puede aceptar observaciones o sugerencias sobre su material.

Si Ud., como Gerente de Comunicaciones, no confía en la parcialidad o profesionalismo de un determinado medio, es preferible que no le conceda una entrevista a que pretenda supervisar la publicación. Su deber es proporcionarle la información que requiere de la manera más clara posible, ofrecerle fotografías, cuadros explicativos y cualquier otro material que lo ayude a completar su trabajo. Controlar lo que los medios publican sobre una empresa es imposible, pero podrá tener mayor seguridad de que la interpretación será justa y adecuada si le ofrece toda la colaboración y material que necesite.

De eso se trata la Gerencia de las Comunicaciones: crear una alianza con los medios y promover el intercambio de información, algo que jamás logrará si los irrespeta o subestima.

sábado, 21 de julio de 2007

Thank you, J.K.Rowling


Por fin lo tengo en mis manos; sí, el último libro de la serie sobre Harry Potter. Desde el año 2000, cuando leí el primero de la saga, quedé atrapada como otros muchos adultos contemporáneos por las aventuras y desventuras del niño mago.

Que si es un bestseller, que si forma parte de una gigantesca estrategia de mercadeo, que si la autora es multimillonaria y ha sabido vender su obra y venderse a sí misma. Pues, como dicen los gringos: who cares! (¡a quien le importa!)

A J. K. Rowling le doy las gracias por dos cosas: la primera es haberme devuelto a la infancia aquel domingo inolvidable de 2000, cuando me devoré de un tirón: Harry Potter y la Piedra Filosofal; y la segunda, haber contribuido enormemente a poner de moda en esta época -en la que parecía destinado a morir- al hábito de la lectura.

Creo que de ahora en adelante habrá una generación más atraída por la lectura que en los últimos 15 años. Eso se lo debemos a Rowling. Por otra parte, más allá de la estrategia mediática global lanzada y magnificada por los medios de todo el mundo, hay que recordar que algo parecido ocurría con las novelas por entregas de otro compatriota suyo: Charles Dickens. En algún lado leí que cuando sus novelas llegaban a través de los barcos ingleses a Estados Unidos, la gente se atropellaba por un lugar en el puerto para poder saber de primera mano el destino de sus personajes, así que esta expectativa no es tan nueva. Sólo es una cuestión de épocas y medios de comunicación diferentes.
¡Vaya con estos escritores ingleses y su manera de trabajar el suspenso! ¡Gracias una vez más, Mrs. Rowling!

martes, 2 de enero de 2007

La Torre de Babel

Inspirado en el pasaje de la Biblia en el que Dios castiga al hombre con la creación de las diferentes lenguas, el director mexicano Alejandro González Iñárritu sorprende ahora con Babel, una extraordinaria película cuyo tema central es la incomunicación.

Para una comunicadora social el tema es inquietante. Tiene mucho que ver no sólo con los idiomas, sino con las diferencias culturales. “Las palabras crean mundos”, recuerdo decía la Dra. Fritz, mi profesora del postgrado de Comunicaciones de Duquesne University. Ciertamente, las palabras, los gestos, las maneras de vivir pueden acercar o alejar, tal como en Babel.

Se trata de cuatro historias, en cuatro ambientes y culturas que interpretan la vida desde sus muy particulares raíces. El arqueólogo norteamericano que busca desesperadamente ayuda para su esposa herida en un país que le parece salvaje. La familia campesina marroquí que tiene que sobrevivir en un medio inhóspito. La adolescente japonesa sordo-muda que no encuentra alivio ni comprensión para sus frustraciones. La sirvienta mexicana que comete un error trágico con los niños a su cargo.

Lo bueno de la película es que no deja espacio para el aburrimiento y me mantuvo en tensión por las dos horas y media que dura

Ya González Iñarritu me había sorprendido hace pocos años con Amores Perros y 21 gramos. La exitosa dupla que integra con el guionista Guillermo Arriaga sin duda tiene aún mucho que decir con este tipo de filmes, hechos sin concesiones comerciales, pero donde la inteligencia no está reñida con la taquilla. ¡Imperdible!

(Mañana me voy a Ecuador, así que tendré abandonado el blog por dos semanas, pero a la vuelta seguro traeré otras experiencias que valdrán la pena de ser contadas… Hasta pronto!)