viernes, 29 de junio de 2007

Mi parque



El parque es de todos y de nadie, pero hoy es mío. Sí. Soy dueña de un espacio público. Lo poseo porque sólo yo subo hasta él trotando desde la redoma, paso al lado de las hileras de quintas silenciosas y me instalo a estirarme sobre el banco, mientras recupero la respiración.

Luego me vuelvo sin prisa y contemplo el cerro.

Es curioso, cuando estoy en el parque mis ojos se dirigen automáticamente hacia la montaña, quisiera penetrar sus secretos; y cuando estoy en el cerro, sin proponérmelo busco mi parque en el áspero entramado de la ciudad. Ambos –cerro y parque- me pertenecen. ¿O será que yo les pertenezco?

sábado, 23 de junio de 2007

¿Por qué leo?


Uno de mis más claros recuerdos de infancia es el de las mañanas de los sábados y domingos en casa de mi abuelita en Puente Hierro. Los adultos habían comenzado el día generalmente muy temprano; ya habían hecho el mercado en Quinta Crespo y mis padres y mis abuelos maternos -mientras las ollas ardían en la cocina para el almuerzo- se congregaban en el recibo entregados al ritual que los mantenía muy silenciosos y tranquilos: leer el periódico.

Se repartían los cuatro cuerpos de El Nacional y cada quien se enfrascaba en su sección favorita por un rato hasta que alguno comenzaba a comentar lo leído y a intercambiarlo con sus compañeros de lectura. Recuerdo que a mis tres o cuatro años me maravillaba que un trozo de papel lograra detener a los adultos de su frenética actividad. Algo importante debía tener el periódico y la lectura para entretenerlos de esa manera. A mí sólo me interesaban las comiquitas y muchas veces perseguía a mi papá por toda la casa –quizás en los momentos más inoportunos- para que me leyera las peripecias del Fantasma o de Popeye.

Generalmente él o algún otro adulto me las leía, pero a veces me hacían esperar mientras terminaban sus asuntos y yo me moría de impaciencia. Esta limitación probablemente despertó mis primeros anhelos de independencia. Me recuerdo pensando más o menos en estos términos: “tengo que aprender a leer pronto para no depender de nadie y poder hacerlo yo sola”.

El kinder no me atraía para nada; detestaba levantarme temprano, abandonar mi rol de princesa consentida en la casa de los abuelos, quienes fungían como los babysitters de la época; las monjas me parecían tétricas con sus uniformes negros de velos puntiagudos; la disciplina, un castigo. Creo que me rebelé por unos meses y no volví al colegio hasta que las ganas de aprender a leer me vencieron. El día en que pude leer mi primera frase corrida se abrió para mí un mundo donde cabían los más originales personajes, los sueños imposibles, las leyendas fascinantes; en fin, el mundo de Sherezade se me ofreció como un juguete nuevo que aún tiene la virtud de no cansarme y donde sé que puedo refugiarme a voluntad. Un libro es el mejor regalo, me ofrece la alegría de un mundo nuevo, un universo paralelo donde intento saciar mi curiosidad; el “sueño vívido y continuo” del que hablaba John Gardner al referirse a la ficción.

sábado, 16 de junio de 2007

Fragmento de mi diario del Camino de Santiago








Viernes 25 de mayo de 2001

Hoy salimos caminando desde Sarria como a las 9:30 o un poco antes. Sellamos nuestros pasaportes en el hotel y en la estación de policía. Las calles son muy pintorescas, pasamos por un monasterio del siglo XIII, llamado de la Magdalena, frente a un cementerio antiguo. La temperatura era de 8° C y el tiempo estaba nublado. Saliendo del pueblo, el camino pasa por unos bosques preciosos con puentes de piedra y una vía de ferrocarril a su derecha, luego sigue por campos cultivados, vimos rebaños de vacas y de cabras y algunos campesinos. Nos saludan con un “¡Buen camino!”. Son educados, amables y un poco tímidos.

Cuando llevábamos menos de una hora caminando pasamos por Rente y otros pequeños pueblitos (villas), atravesamos varios ríos por pequeños puentes. En un albergue de piedra en Barbadelos (¡bueno, casi todo es de piedra por aquí!) nos sellan el pasaporte nuevamente. Me fijé en unas construcciones rectangulares que hay en los campos. Olga me explicó que son graneros llamados hoirros, están construidos a un medio metro sobre el piso para que los roedores y otros animales no los alcancen ni se inunden cuando llueva mucho.

Luego llegamos a un punto donde se atraviesa la carretera y aprovechamos para comer un poco y descansar. Después pasamos por Ferreiros, donde hay un albergue y un pequeño bar, puse el sello en el albergue y continué hacia Portomarín. Los pies me molestaban bastante, especialmente el derecho, pero fui despacio, saboreando el camino, tomando fotos y filmando. Hay un puente enorme sobre el río Miño que conduce a la ciudad. Este río llega hasta Portugal. Después del puente hay unas escaleras sobre un pequeño puente que lleva hasta una especie de capillita. Adentro pude divisar la imagen de un santo. Creo que es Santiago. Subí, tomé fotos y filmé a través de la reja, y seguí por el camino de la derecha buscando la posada. Las calles están bastante solitarias. Le pregunté a una señora rubia, pero resulta que era una turista alemana y no hablaba ni inglés. Entonces divisé a una señora local vestida de negro y le pregunté a ella. Fue muy amable al indicarme en gallego la dirección de la Pousada de Portomarín y sonrió cuando le dije que era de Venezuela. Noto que la gente aquí es austera, casi todos visten de negro. Los locales son al principio un poco “montunos”, pero después se abren y te tratan bien.

Muy cerca de la Pousada está una pequeña iglesita, la de San Pedro, que data de 1182. Me contaron que también fue traída desde abajo y colocada aquí en los años sesenta, cuando la ciudad entera fue mudada debido a la construcción del embalse de Belesar.

Tomé fotos, filmé, lástima que está cerrada. Luego fui a la Iglesia de San Nicolás. Tiene una extraña fachada que recuerda a una fortaleza, con torres en cada extremo del rectángulo. Por otra parte, no es muy grande. Posee una sola nave. Es románica, del siglo XII y su capitel semeja al de Santiago de Compostela con Jesús y los 24 ancianos del Apocalipsis. Me sellaron el pasaporte y filmé y tomé fotos adentro y afuera. Luego recorrí las callecitas céntricas, todas de piedra. Predominan los balcones verdes adornados con flores, es una ciudad muy pintoresca que me recuerda a los pueblitos andinos, los colores predominantes son el blanco y la piedra. La chica que coloca el sello en la iglesia de San Nicolás me dijo que en ese templo, y asumo que también el de San Pedro, fue reconstruido piedra por piedra en dos años.

A las 8:30 tuvimos la cena en el restaurante de la pousada. Yo tomé caldo galego y lenguado a la plancha. Muy sabroso todo. Y cuando estaba terminando la cena y nos disponíamos a retirarnos, nuestros guías nos dieron una sorpresa: apareció un conjunto de música gallega con sus gaitas, panderetas, tambores y trajes típicos. Nos trasladamos a la terraza del hotel y casi todos terminamos bailando, hasta yo, aún con mis pies adoloridos. Conversé con otros huéspedes del hotel, quienes están haciendo el camino de una manera muy curiosa. Ellos son gallegos y viven en Santiago, lo que hacen es que manejan hasta una ciudad, duermen en un hotel cómodo y bien temprano en la mañana siguiente se regresan en transporte público hasta el sitio anterior y caminan desde allí a la ciudad donde dejaron el automóvil. Son dos parejas de mediana edad. Comenzaron esta singular manera de hacer el camino hace unos pocos años y ahora están en la etapa final. Fue una velada muy alegre y agradable. Nos fuimos a dormir cerca de las doce.

lunes, 4 de junio de 2007

Los 35

No son años, sino libros. Esa es la cantidad de libros que he leído en lo que va de año. Creo que junio es un buen mes para verificar cómo van los propósitos que nos hicimos en enero. Uno de los míos fue leer más.

Es curioso, el año pasado vi mucho cine del bueno. Este año estoy apasionada por los libros. ¿Continuaré con mi propósito el resto del 2007? Ni yo misma lo sé. Las cosas que hoy parecen importantes pueden ser insignificantes en unos días.

De todos modos, para los curiosos, aquí va la ecléctica lista de estas 35 lecturas. Algunas fueron sublimes, otras decepcionantes, otras más: relecturas. (No incluyo varios muy buenos cuentos de Paul Auster, Philip Roth, Anton Chejov, Clarice Lispector y otros maestros de ese género, bajados por Internet):

1- Aprender a escribir, Alicia Steimberg
2- The Great Gatsby, F. Scott Fitzgerald
3- Campeones, Guillermo Meneses
4- La Oveja Negra y otras fábulas, Augusto Monterroso
5- Cómo se cuenta un cuento, Gabriel García Márquez
6- La bendita manía de contar, Gabriel García Márquez
7- Los detectives salvajes, Roberto Bolaño
8- El tiempo en la narración, Silvia Adela Kohan
9- Mientras escribo, Stephen King
10- La Enfermedad, Alberto Barrera Tyzka
11- De muerte lenta, Elisa Lerner
12- El Vergel, Isaac Chocrón
13- Pizarrón, Arturo Uslar Pietri
14- Cómo mejorar un texto literario, Lola Sabarich y Felipe Dintel
15- Boquitas pintadas, Manuel Puig
16- Infancia del mago, Herman Hesse
17- La práctica del relato, Angel Zapata
18- Londres, Virginia Woolf
19- Dulce compañía, Laura Restrepo
20- The Art of Fiction, John Gardner
21- La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro
22- Amuleto, Roberto Bolaño
23- La vida es sueño, Pedro Calderón de la Barca
24- Relatos de un trotaselvas, Karl Weidmann
25- La Tienda de Muñecos, Julio Garmendia
26- Zen in the Art of Writing, Ray Bradbury
27- El Camino del Norte, Horacio Vásquez Rial
28- On becoming a novelist, John Gardner
29- Doña Bárbara, Rómulo Gallegos
30- La Gruta del Toscano, Javier Padilla
31- La Sombra del Viento, Carlos Ruiz Safón
32- O Libreiro de Cabul, Asne Seierstad
33- The Good Earth, Pearl S. Buck
34- Un cuarto propio, Virginia Woolf
35- Sin trama y sin final, Anton Chejov

miércoles, 30 de mayo de 2007

Las "verdades" de El Librero de Kabul


Sigo con los bestsellers. Hace un par de semanas me leí de un tirón esta obra de la noruega Åsne Seierstad. Otro bestseller que cayó en mis manos por azar y además, en idioma portugués. Es una lectura fácil, del llamado género de periodismo novelado, o algo así. Por eso realmente fue que lo leí. Quería saber más sobre ese tipo de escritura

Bien, a grandes trazos el argumento es el siguiente: la periodista noruega Åsne Seierstad conoce a un interesante librero durante su estadía en Kabul como corresponsal de guerra en la época de la caída del régimen talibán. La joven se interesa por el librero y pasa una corta temporada –unos meses- viviendo con su extensa familia. En ese tiempo toma notas y entrevista a todos sus miembros, a quienes ya ha informado que escribirá un libro sobre ellos. La chica regresa a su país, escribe y publica el libro, el cual resulta una bomba por sacar todos los trapitos al sol de esa particular familia afgana. El librero monta en cólera e intenta demandar a la autora. Esto quizás también contribuye a catapultar las ventas del libro.

Pero, ¿cuál es la polémica con el relato? La autora, desde un punto de vista muy occidental, nos muestra las miserias y ninguna de las posibles grandezas de una familia afgana completamente subordinada a los estrictos cánones de la religión islámica. El padre –el librero- resulta un hombre liberal de palabra, pero un tirano en la práctica, tanto con sus dos esposas como con sus hijos, madre y hermanos. El hombre no deja estudiar a sus hijos porque prefiere que trabajen 12 horas al día para hacerlo rico; rechaza a su primera esposa al casarse con una jovencita de 16 años. Las mujeres no tienen la menor autonomía sobre sus vidas y ni digamos, capacidad alguna para decidir sus matrimonios. En fin, el libro es una suma de desdichas, donde nadie, ni el propio librero, parece ser feliz.

Pero la prosa no es testimonial, sino un relato novelado, que parte de la propia interpretación de Seierstad. Cabe preguntarse cómo pudo saber ella algunas de los más secretos detalles de la vida sexual de los jóvenes de la familia. Es difícil imaginar que ellos mismos se lo contaran, más si tenemos en cuenta que se trata de una sociedad machista, tal como ella la describe.

Entonces, hasta qué punto toda la obra es realidad, fantasía, interpretación prejuiciosa de una occidental sobre una sociedad diametralmente opuesta a la suya. Cabe la pregunta maliciosa: ¿será que venden más los escándalos?; ¿será que a Occidente le encanta reafirmar su supuesta superioridad rebuscando en las posibles deficiencias de otras culturas y religiones?

También es posible que la familia descrita no sea la más “típica” de la sociedad afgana. Eso no lo aclara la autora. Ella dice que cuenta lo que vio y escuchó. Pero, en todo caso, en un país que acababa de salir del terrible régimen talibán y donde el nuevo gobierno contaba con ministras mujeres, pareciera que al menos hay muchos matices dentro de la sociedad y no todos son tan radicales.

Cuando viví en USA una de mis mejores amigas venía del Sultanato de Omán. No usaba burka ni mucho menos, solo un velo, vestía con ropas occidentales y estudiaba y vivía sola en un país extranjero. Por ella y otros compañeros árabes pude enterarme de las enormes diferencias que hay entre todos los musulmanes. Algunos pueden ser fanáticos, otros simplemente religiosos.

Últimamente en Occidente se cataloga a casi todo musulmán como un terrorista en potencia. Más allá del caso específico de Afganistán, me preocupa que libros como este contribuyan a exacerbar las diferencias entre Oriente y Occidente. De todos modos, es una lectura que mueve a la reflexión.

martes, 22 de mayo de 2007

Bestsellers: La Sombra del Viento




De vez en cuando hay que leer un bestseller. ¿Por qué no? Porque es literatura comercial, de dudosa calidad, no aporta nada al lector exigente, responden la mayoría de mis amigos intelectuales.

Bueno, prefiero contradecirlos a veces. Hasta algunos profesores de Escritura Creativa dicen que de vez en cuando hay que leer un bestseller; tal vez como una vía para aprender algunas técnicas sobre cómo mantener el suspenso y hacer la obra propia más entretenida. Pienso igual. Así que deseché mis prejuicios y me lancé. La obra escogida fue: La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón, el autor español más vendido en los últimos tres años, creo. Quizás superó con esa obra al creador del Capitán Alatriste, Javier Pérez Reverte.

No puedo decir que el libro me desilusionara porque sabiendo de antemano que era un bestseller, no esperaba mucho. Pero, detalles aparte, me sumergí al menos en las primeras cien páginas, en una obra que parece una mezcla de varios géneros: intriga y suspenso van de la mano con la literatura típica del folletín decimonónico.

El argumento es sencillo: Daniel Sempere, a los 10 años de edad, visita con su padre librero el Cementerio de los Libros Olvidados, una extraña biblioteca donde van a parar los libros que nadie quiere. Allí, en una especie de iniciación, se le encomienda un libro titulado La Sombra del Viento, el cual Daniel lee fascinado. El muchacho trata de conocer otros libros del mismo autor, un tal Julián Carax, pero se entera de que todos sus libros han sido quemados por un misterioso personaje salido de las mismas páginas del libro.

Durante el resto de la novela, el joven Daniel va reuniendo pistas sobre Carax, se topa con algunos personajes interesantes y surgen varias tramas y subtramas que le agregan cierto suspenso al relato. Lo malo es que ya por la página 200 uno va sospechando quién es el siniestro personaje que persigue a Daniel y quiere quemar las novelas de Carax. Por otra parte, la prosa es un poco irregular, a ratos intenta ser poética, otras veces se vuelve francamente repetitiva, con innecesarias recapitulaciones de los hechos anteriores. La pormenorizada descripción de varios personajes recuerda por momentos a la prosa de Isabel Allende. Hay errores evidentes de ortografía y uno geográfico imperdonable: ¡¡aludir a la ciudad de Bogotá afirmando que está en Venezuela!!!

Pero si he de ser justa como lectora, tengo que mencionar que tiene algunos atractivos para que yo llegara a completar las 462 páginas de la novela. Al menos al principio, cuando se describe la extraña relación entre Daniel y Clara, no pude dejar de recordar a Pip y Estela, de la inolvidable “Grandes Esperanzas”, de Charles Dickens. También rescataría ese furor del amor adolescente entre Julián y Penélope, por una parte, y Daniel y Bea, por otra. El personaje mejor logrado de toda la obra es sin duda, Fermín Romero de Torres. Sus ocurrencias y consejos lo hacen verdaderamente simpático. Diría que es quien salva el libro. Mientras otros personajes resultan francamente desdibujados, como el padre de Daniel, quien resulta anodino y el bibliotecario Isaac, al cual pienso se le podía haber sacado más partido.

El final tiene escenas bastante previsibles; sin embargo, me llamó la atención una, cuando Daniel se dispone a luchar por Beatriz y se topa con un anciano en una plaza. Hay cierta magia y poesía en ese pequeño cruce de los dos hombres durante esa mañana invernal de Barcelona. ¡Ojalá hubieran más escenas así en toda la novela!

A pesar de todo, confieso que su lectura me ayudó a pasar un aciago fin de semana en el que un extraño dolor de espalda me confinó a quedarme en casa por dos días. De esta manera descubrí que si estoy enferma, si llueve o me encuentro mortalmente aburrida, bien puedo sumergirme por unas horas en una lectura “light” sin mayores remordimientos.

lunes, 14 de mayo de 2007

Releer a Doña Bárbara II



Otra de las reflexiones de mi reciente lectura de Doña Bárbara proviene, no directamente de la estupenda novela y sus personajes, sino del escritor, del creador y su obra.

Tengo la edición de la novela de la Editorial Panapo. En esta publicación, muy económica, por cierto, hay un revelador prólogo del mismo Gallegos sobre las fuentes que le inspiraron a escribir la novela y un pequeño ensayo del profesor Efraín Subero.

En su prólogo, Gallegos cuenta cómo la Semana Santa de 1927 se dirigió a un hato en Apure con el propósito de conocer el ambiente llanero a fin de ambientar una novela que estaba escribiendo en ese momento y en la cual el protagonista pasaba una temporada en el llano. Esa productiva semana le permitió al escritor –entonces de unos 43 años- conocer otras realidades, escuchar cuentos y anécdotas sobre el llano y sus habitantes. Supo de una tal Pancha Vásquez, famosa cacica del Arauca que aún vivía y quien habría inspirado el personaje de la inolvidable Doña Bárbara.

Gallegos regresó a Caracas entusiasmado por todo lo que había visto y escuchado, desechó la novela anterior y se encerró en una habitación de la población de El Valle -la urbanización que hoy tiene el mismo nombre-, a escribir en 27 días la primera versión de una novela que tituló provisionalmente “La Coronela”. Pasado un tiempo, tuvo que viajar a Europa con su esposa Teotiste, quien necesitaba seguir un tratamiento médico en Italia. Durante varios meses entre Italia y Francia, Don Rómulo hizo y rehizo el manuscrito unas cuatro veces y al llegar a España intentó publicarlo, pero las editoriales no querían arriesgarse con un autor desconocido, así que tuvo que pagar la primera edición de su propio bolsillo.

Paradójicamente, la novela del entonces desconocido escritor venezolano fue seleccionada la mejor del mes de septiembre de 1929 en Barcelona. Gallegos regresó con la mayoría de los ejemplares a Venezuela, donde las críticas positivas ayudaron a posicionar el libro. Fue tal su éxito -según cuenta Efraín Subero- que el mismo General Gómez se hizo leer la novela en Maracay y quedó encantado con la obra. El dictador le ofreció a Gallegos la senaduría por el estado Apure, cargo que el futuro presidente declinaría al no ser gomecista.

Gallegos, intelectual cuidadoso de su obra, revisó la novela años después de la publicación original, agregó unos capítulos y rescribió otros. Escuchó las sugerencias que le hicieron amigos apureños para que cambiara algunas expresiones que correspondían más a dichos de los habitantes de los llanos centrales.

Con la rigurosidad del maestro que era, no tuvo reparos en hacer las correcciones necesarias de manera que su trabajo quedara lo más auténtico posible. Esta obra corregida es la que hemos leído la mayoría de los venezolanos. Luego vino la consagración del escritor y la versión mexicana para el cine, protagonizada por María Félix, que terminó de catapultarla internacionalmente.

En los años 70, ya desaparecido Gallegos, RCTV hizo una estupenda versión televisiva, en la cual Marina Baura, Elio Rubens y Marisela Berti interpretaron a los personajes principales, teniendo como locutor “en off” a José Ignacio Cabrujas, quien con su voz profunda pronunciaba las famosas palabras que dan inicio a la novela:

“¡De más allá del Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Meta! De más lejos que más nunca..., de allá vino la trágica guaricha...”

martes, 8 de mayo de 2007

Releer a Doña Bárbara I



Acabo de releer Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. Fue una lectura sorprendente. Lo digo porque este clásico de la literatura venezolana siempre depara algo nuevo. Uno ya conoce los personajes –o cree conocerlos hasta la saciedad- pero luego de una lectura atenta, descubre nuevos ángulos o reinterpretaciones. Esta vez me detuve a observar con más detalle a Marisela, a la cual siempre se relaciona con la pasividad; se le ha descrito como la típica mujer inocente, “domable”, a diferencia de su madre. La niña, a quien Santos Luzardo “salva” de la miseria y el abandono. Luzardo vendría a ser el Pigmalión que se enamora de su obra.

Pues no, definitivamente Marisela no es tan inocente como nos han pretendido señalar. Tampoco voy a caer en el extremo de afirmar que es la verdadera cuaima del asunto, porque al final se queda con todas las haciendas, luego de la desaparición de su madre y el conveniente matrimonio con Santos. Tampoco.

Marisela no sólo recibe, Gallegos nos hace ver en algunas escenas que es ella la que impide que Luzardo sea tragado por la llanura al imponerle con su presencia el apego a las normas y costumbres de la civilización. Ambos personajes se necesitan y complementan para poder realizarse. Marisela es la joven que evoluciona desde la inconsciencia infantil hasta convertirse en la mujer madura, capaz de mostrar cariño hacia su padre y de hacerse responsable por su destino.

De vez en cuando hay que releer a Doña Bárbara para asombrarnos al descubrir algo nuevo en los recios y bien definidos personajes, más allá de los estereotipos en los cuales nos hicieron creer en la escuela.

lunes, 7 de mayo de 2007

"Golpes a mi puerta", golpes al corazón


Bajo la dirección de Luis Fernández y la producción de Mimí Lazo, regresó a las tablas caraqueñas esta exitosa pieza de los años 80, del dramaturgo Juan Carlos Gené. Nunca ví la película del año 1994 que se hizo basada en este texto y que ganó el reconocimiento internacional en aquella oportunidad.

La obra relata la historia de Ana y Ursula, dos monjas que han cambiado la vida de clausura para compartir el día a día de sus vecinos en un barrio de un país latinoamericano. Un día, en medio de una feroz dictadura, un joven perseguido por la policía golpea la puerta de la casa de las hermanas. Allí comienzan los dilemas éticos, morales y religiosos de las monjas, al plantearse la posibilidad de mentir para evitar el castigo que también las alcanzaría a ellas, quienes a pesar de ser religiosas, no se encuentran a salvo, como nadie que viva en un régimen totalitario.
La pieza presenta varios ángulos que mueven a reflexión sobre el verdadero papel de la Iglesia Católica, el poder de la fe, la relativización de la verdad. En ningún momento de la puesta en escena decae el interés, el ritmo es trepidante y el final sorprendente. Luego de los aplausos, Mimí Lazo se dirige al público y hace una reflexión muy personal sobre el significado de esta obra en el actual contexto venezolano.

La reposición de "Golpes a mi puesta" está protagonizada por Mimí Lazo y Gladys Prince. Están acompañadas por: Ana Castell, Marcos Moreno, Luigi Sciamanna, Mirtha Pérez, María Fernanda León y Luis Fernández.
La dirección general y escenografía es de Luis Fernández; la producción ejecutiva y vestuario, corresponde a Mimí Lazo. La musicalización es de Luigi Sciamanna y la producción artística, de Elías Yánez.

La cita es en la Sala Ana Julia Rojas del Ateneo de Caracas. ¡Hay que verla!

lunes, 30 de abril de 2007

El Camino del Norte


La vida es, sin duda, un viaje y así nos lo recuerda esta estupenda novela de Horacio Vásquez-Rial, un escritor argentino afincado en España desde hace muchos años. Es un veterano y con esta novela gana el premio de la Editorial Norma. Realmente, eso del premio me tiene sin cuidado. Es tremenda novela por varias razones.

El argumento te atrapa desde el principio hasta el fin. El Dr. Kramer, un médico que fuera guerrillero durante los años de la reciente dictadura argentina, despierta de un largo sueño. De tres años, para ser exactos. Se le dio por muerto, desaparecido, pero no, el hombre fue “dormido”, como una cruel manera de desaparecerlo por parte de una manipuladora traficante de almas.

Kramer despierta, pues, y le toca rehacer su vida, justo en los años 2001-2002, cuando ocurren en la Argentina los terribles sucesos del “corralito”, y toda esa crisis que puso en vilo a la democracia en el país sureño. Junto a su amigo Bruno y a una simpática bruja que recogen en el camino, se dirigen al norte, a buscar al amor adolescente de Kramer, su prima Lucinda.

Con la excusa del viaje, Kramer y sus amigos topan con personajes interesantísimos, reconstruyen y reflexionan sobre sus vidas. Temas como el amor, el sexo en la edad madura, la política, las desilusiones, los engaños, los nazis escondidos en Argentina, los judíos y su eterna búsqueda de identidad, se dejan colar en los sabrosos diálogos, pero nunca de una manera moralizante, sino como esas reflexiones de la vida cotidiana que todos nos hacemos a veces, así sea en voz baja.

Otra de sus virtudes es el estilo narrativo de Vásquez-Rial. Sobrio, sencillo, limpio de afectaciones. Además, los capítulos son cortísimos, invitando a la lectura. Un buen descubrimiento que recomiendo sin reservas.

viernes, 27 de abril de 2007

Encuentro en el Parque Cuevas del Indio























El domingo 22 de abril el Centro Excursionista Caracas (CEC) organizó un gran encuentro con varias actividades en el Parque Cuevas del Indio, en La Guairita. Fue un día especial, donde miembros activos de este club de aventureros nos dimos la mano con un grupo de los veteranos que nos precedieron en la práctica de este emocionante deporte.
Hubo mini-talleres sobre lectura de mapas y uso del GPS, llenado de morrales, tips de primeros auxilios y, por supuesto, emocionantes prácticas de escalada y rapel, para lo cual contamos con la colaboración espontánea de la montañista y campeona de escalada Flor Boscán, nuestro veterano presidente, Hans Schwarzer, así como las compañeras Ana Da Luz y Adriana López y miembros del Grupo de Rescate Humboldt.
Los demás módulos estuvieron a cargo de Jesús Fernández, Juan Vásquez, Eloy Boulton, Héctor Pérez, Elizabeth Sánchez y quien suscribe.
Fue un día para el reencuentro y el compartir en familia, la gran familia del CEC y sus amigos. Las fotos hablan por sí solas.

Bambú


El creador del Aikido, el sensei Morihei Ueshiba, aconsejaba a sus seguidores:

“Estudia las enseñanzas del árbol de pino, del bambú y del cerezo florido. El pino es admirado por estar siempre verde y por sus raíces firmes. El bambú es fuerte, flexible e indestructible. El cerezo florido es robusto, fragante y elegante”.

Así debe ser el alumno, dicen los monjes que practican el zen y los maestros de artes marciales. Así deberíamos ser todos, fuertes y flexibles a la vez, para alcanzar el equilibrio y mantener la serenidad.

viernes, 20 de abril de 2007

Librerías y libreros





Confieso que no tengo un librero preferido. No sé por qué nunca he podido desarrollar esa especial relación de camaradería entre cliente y librero que otros lectores han logrado. Lo que pasa es que soy infiel por naturaleza. No me gusta dejarme llevar por un criterio único. Más que pedir y escuchar consejos, prefiero abrirme a las múltiples posibilidades que ofrece la exploración de una buena librería. Entro a ellas con ánimo de excursionista. Soy como los gourmets que frecuentan sus restaurantes favoritos, pero apenas abre uno nuevo en la ciudad, corren a conocerlo. Nada es más emocionante para el intelecto (y peligroso para el bolsillo) que la detallada exploración de una nueva librería. Sin embargo, pienso que mi librería ideal no existe o quizás la sigo buscando infructuosamente en las calles de Caracas y otras ciudades.

Aquí va una rápida reseña de mis librerías preferidas en el extranjero:

-Barnes & Noble, en USA.
Confieso que he pasado horas en las de Boston, Nueva York, Pittsburgh y DC. Es alucinante encontrar todo un piso dedicado sólo a ficción, otro a deportes, otro a libros sobre arte.
-Casa del Libro y Ediciones Desnivel, en Madrid
La primera, ubicada en la Gran Vía, tiene unos cinco pisos que sobresaltan y emocionan. Los precios en euros lo vuelven a uno a la realidad. Ediciones Desnivel, cerca de la Plaza de Matute, tiene todos los libros de montaña y deportes de aventura con los cuales sueña un excursionista. Como curiosidad, vale mencionar que en su sección de mapas se encuentran planos detallados de la Gran Sabana.
-Libri Mundi y Mr. Books: la Casa de las Palabras, en Quito
Ambas están muy bien situadas. Libri Mundi está a una cuadra de la turística Av. Amazonas, mientras que Mr. Books: la Casa de las Palabras se encuentra en el Centro Comercial El Jardín. Ofrecen novedades de editoriales españolas y argentinas que –sospecho- no llegan a Venezuela. Son notables sus colecciones de libros en inglés, francés, alemán e italiano.
-Saraiva, en Rio de Janeiro
Conozco la del Rio Sul Shopping Center. Es una réplica brasileña de las Barnes & Noble y las Borders americanas. Tiene un café espectacular, venta de discos, docenas de revistas y muchas actividades para los lectores.
-Amazon, virtual
Es la quintaesencia de las librerías. Ofrece virtualidad, adivina tus pensamientos, te tienta con las más audaces técnicas de mercadeo, hasta permite hojear algunos libros. Como transacción rápida y eficiente está bien, pero... hay que pagar en dólares. Además, nada se compara con el gusto de manosear libros, sopesarlos, comparar, registrar en los estantes... como todo lo virtual, Amazon ofrece sólo un placer fugaz.

lunes, 16 de abril de 2007

Una mañana en el cortafuego






























La subida al Avila está restringida nuevamente. Los caraqueños amantes de esta montaña ya nos estamos acostumbrando a esta medida, tomada por las autoridades cada año durante la época de sequía como una manera -a mi parecer- ingenua de prevenir los incendios en el cerro.

Digo ingenua, porque a pesar de la restricción, a pesar de las revisiones que realiza la Guardia Nacional a los morrales y koalas de los excursionistas que suben por los tramos permitidos, los incendios continúan. Además, los guardias requisan por algunos puntos y por otros no. Eso lo pude comprobar ayer domingo 15 de abril, cuando subí por la entrada Gamboa, de San Bernardino, junto con otros 33 compañeros del Centro Excursionista Caracas (CEC). Dos guardias muy diligentes nos revisaron en busca de fósforos o yesqueros y luego, al caminar por el cortafuego cerca de la entrada de La Florida, observamos jóvenes fumando tranquilamente y caminantes que suben con sus perros –algo absolutamente prohibido en el Parque Nacional-. En fin, paciencia.

A pesar de todo, fue una mañana muy agradable. Caminé con mis amigos unos 7 kilómetros y medio, desde Loma del Viento en San Bernardino, hasta el Puesto de Guardaparques Sabas Nieves, en Altamira. Fue un recorrido muy tranquilo, la mayor parte en terreno plano, aunque con algunas subidas y bajadas, sobre todo después del Puesto de Guardaparques Chacaíto. Desde antes de las 8 de la mañana hay trotadores en ese tramo y numerosos caminantes que aprovechan el privilegio de observar la ciudad desde la altura, atravesando bosques donde se esconden orquídeas y surgen cascadas y aves de la verde vegetación. Casi todo el camino es sombreado. Hay miradores naturales en cada curva, donde los despreocupados capitalinos contemplamos el rostro de una Caracas por fin serena y amable, diferente a la de todos los días.
Con mañanas así uno regresa al hogar reconciliado con el mundo.

lunes, 9 de abril de 2007

La Revolución llegó para quedarse



No la que están pensando. Es “La Revolución”, pieza teatral de Isaac Chocrón, que vuelve a las tablas con el Grupo Actoral 80, en la sala del Centro Corp Group, en Caracas.

La obra fue estrenada en 1971 y su elenco original contó con los inolvidables Rafael Briceño y José Ignacio Cabrujas. Esta vez son Basilio Álvarez y Héctor Manrique quienes dan vida a Gabriel y Eloy, los dos patéticos homosexuales que montan un show tan decadente como sus vidas en un triste local nocturno venezolano.

Me encantó la pieza, las actuaciones, el tono y ritmo de la obra. Y también me deleité observando las reacciones del público ante esta tragicomedia. Sospecho que muchos espectadores, al saber que los protagonistas eran dos gays, acudieron en busca de la risa fácil y estereotipada que el teatro comercial ha puesto en boga cuando trata asuntos relacionados con la homosexualidad.

En el primer acto, sobre todo, hay muchas risas, chistes no tan fáciles, agudos diálogos que van preparando al público verdaderamente atento hacia un final de tragedia. Pero, es mejor no anticipar nada, para que ustedes mismos vayan y comprueben por qué es la obra teatral venezolana más representada en el exterior, por qué su tema es universal, por qué tiene tantas lecturas, por qué las revoluciones deberían comenzar por dentro, antes de intentar cambiar lo externo.

Uno de los personajes dice en un momento algo así como: “Cuando uno más trata de cambiarse, termina pareciéndose más a sí mismo”. ¿Será verdad, en el contexto de nuestra realidad venezolana?

miércoles, 4 de abril de 2007

Salmerón Acosta y Ramos Sucre: Los trágicos poetas cumaneses

En estos días la casualidad me hizo tropezar con la obra de dos extraordinarios poetas cumaneses. Se trata de José Antonio Ramos Sucre y de Cruz Salmerón Acosta. Ambos contemporáneos, nacido el primero en 1890 y el segundo, dos años después. Tenían un talento fuera de lo común y fueron víctimas de un destino trágico.

Salmerón Acosta contrae muy joven la lepra, lo cual le hace abandonar a su enamorada para recluirse por 15 años en espera de la muerte en la población de Manicuare, en el Golfo de Cariaco, desde donde contempla el mar y la ciudad de Cumaná mientras su cuerpo degenera lentamente. Escribe y, finalmente, dicta sus últimos poemas.

Ramos Sucre estudia leyes en Caracas. Llega a dominar varios idiomas y a ejercer diversas profesiones, como profesor de latín e historia universal, traductor y juez. Apenas al llegar a los 40 años, tras una existencia dedicada a compartir su arte con la carrera diplomática, se quita la vida en Ginebra.

Son dos vidas intensas, trágicas, inolvidables. Sus poemas han sobrevivido el tiempo. En ellos se confirma la trascendencia del arte.

Azul (Cruz Salmerón Acosta)

Azul de aquella cumbre tan lejana
hacia la cual mi pensamiento vuela
bajo la paz azul de la mañana,
color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul del cielo emana,
y azul de este gran mar que me consuela,
mientras diviso en él la ilusión vana
de la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,
triste azul de mis líricos ensueños,
que me calma los íntimos hastíos.

Sólo me angustias cuando sufro antojos
de besar el azul de aquellos ojos
que nunca más contemplarán los míos.



El mandarín (José Antonio Ramos Sucre)

Yo había perdido la gracia del emperador de China.
No podía dirigirme a los ciudadanos sin advertirles de modo explícito mi degradación.
Un rival me acusó de haberme sustraído a la visita de mis padres cuando pulsaron el tímpano colocado a la puerta de mi audiencia.
Mis criados me negaron a los dos ancianos, caducos y desdentados, y los despidieron a palos.
Yo me prosterné a los pies del emperador cuando bajaba a su jardín por la escalera de granito. Recuperé el favor comparando su rostro al de la luna.
Me confió el develamiento y el gobierno de un distrito lejano, en donde habían sobrevenido desórdenes. Aproveché la ocasión de probar mi fidelidad.
La miseria había soliviantado a los nativos. Agonizaban de hambre en compañía de sus perros furiosos. Las mujeres abandonaban sus criaturas a unos cerdos horripilantes. No era posible roturar el suelo sin provocar la salida y la difusión de miasmas pestilentes. Aquellos seres lloraban en el nacimiento de un hijo y ahorraban escrupulosamente para comprarse un ataúd.
Yo restablecí la paz descabezando a los hombres y vendiendo sus cráneos para amuletos. Mis soldados cortaron después las manos de las mujeres.
El emperador me honró con su visita, me subió algunos grados en su privanza y me prometió la perdición de mis émulos.
Sonrió dichosamente al mirar los brazos de las mujeres convertidos en bastones.
Las hijas de mis rivales salieron a mendigar por los caminos.

domingo, 25 de marzo de 2007

Proyección de fotos de la Expedición Ecuador 2007


Están cordialmente invitados
a la proyección fotográfica:
"Expedición Ecuador 2007",

del Centro Excursionista Caracas (CEC)


a cargo de Manuel Fraga y Aurora Pinto.


Ven y comparte la experiencia de recorrer y ascender

a las hermosas y retadoras montañas del Ecuador.

Fecha: 31 de marzo
Hora: 3:00PM
Lugar: Sede del Centro Excursionista Caracas.
Avda. Santa. Sofía Sur, zona del Polideportivo, Urb. Santa Sofía, El Cafetal.

Después de pasar la Clínica Santa Sofía, dos o tres cuadras más arriba al llegar al Polideportivo tomar por la calle de la izquierda y justo en la última esquina del campo está nuestra sede

viernes, 16 de marzo de 2007

Chocrón y Lerner: Los judíos maravillosos de la literatura venezolana



Acabo de terminar de leer la novela “El Vergel”, de Isaac Chocrón. Hace menos de una semana finalicé la de Elisa Lerner, “De muerte lenta”. Fue casualidad. La verdad no planifiqué que mis lecturas se encaminaran hacia dos de mis escritores venezolanos preferidos, quienes, también casualmente, son judíos.

Esta coincidencia me ha hecho reflexionar sobre el interesante aporte a la literatura venezolana de estos dos escritores. Ambos coinciden en su origen religioso; provienen del interior del país -nacida ella en Valencia y él en Maracay-pero son al mismo tiempo muy cosmopolitas. Con vivencias en el exterior, una obra y una dramaturgia cocinada al fuego del teatro norteamericano del siglo XX, y una particular agudeza para observar a nuestro país, desde su condición de venezolanos y desde la perspectiva de pertenecer también a un pueblo de tradiciones milenarias, marcado por la diáspora, alternando siempre la contradicción entre pertenencia y desarraigo. Son unos venezolanos muy universales.

Las dos novelas son diferentes. La de Elisa Lerner nos revela –a los nacidos después de los años 40 del siglo pasado- el mundo de los intelectuales en el momento del ascenso al poder de uno de ellos, quizás el más insigne de la época, Don Rómulo Gallegos. Un atisbo doloroso a lo que pudo haber sido y no fue.

En El Vergel, sin llegar a la estricta autobiografía, Chocrón cuenta su vida de manera novelada, utilizando como narradores a familiares y amigos ya desaparecidos. Bastante revela el veterano escritor sobre sus inicios intelectuales, represión familiar, homosexualidad, espiritualidad. Todo en un lenguaje muy sencillo y elegante.

Lerner se concentra más en sus personajes y en el argumento. Su prosa está cargada de ricas metáforas. No es tan reveladora –al menos a primera vista- de detalles sobre su vida privada, hasta que casi al final del libro la autora se desdobla en la escritora Alma Blatt (y quizás también en otros personajes), para hacernos partícipes de unas cuantas confidencias.

Los dos escritores son contemporáneos, nacidos en los años treinta, casi octogenarios, pero muy lúcidos, sagaces, observadores implacables de las grandezas y miserias de la sociedad. De ellos –y de sus seguidores- espero nuevas obras que me sorprendan.

Pero cabe preguntarse: ¿Tendrán una generación de relevo entre la comunidad judía de nuestro país?

viernes, 9 de marzo de 2007

Borges prisionero (un cuento)


Cuando era adolescente, en los años ochenta, tuve un fugaz encuentro con mi escritor preferido, Jorge Luis Borges. Fue durante la última visita del maestro a Venezuela.

La librería Lectura, de Chacaíto, planificó una firma de libros y hacia allí me dirigí con “Ficciones” bajo el brazo. La variopinta cola de admiradores del escritor argentino llegaba hasta Sabana Grande. Después de hora y media de espera comencé a impacientarme. Esa tarde tenía un examen y debía regresar a clases. Entonces se me ocurrió una idea para adelantarme a la multitud que me precedía. Recordé que mi primo Roberto trabajaba en la librería. Escondí el libro en mi morral y me dirigí con paso seguro hacia la puerta del establecimiento pretendiendo ser la emisaria de un recado familiar urgente para mi primo.

Inexplicablemente, logré pasar por delante de los miembros de la prensa, policías y funcionarios consulares que custodiaban al genio. Todos –incluido mi primo- se creyeron el cuento. Una vez dentro, me coloqué audazmente de primera en la cola. Fue entonces cuando tropecé con un par de ojos asiáticos que me midieron sin compasión. Con arrojo de samurai, Maria Kodama -entonces eficiente secretaria y hoy próspera viuda del sabio invidente- me cortó el paso. A un gesto suyo, me sacaron de la librería. Roberto perdió su empleo y estuve en la lista negra de Walter por lo menos durante un quinquenio.

Nunca pude tocar a Borges, pero sé que el autor de Las Ruinas Circulares notó mi presencia. Antes de salir bruscamente de la librería, vi que dirigió su mirada extraviada directamente hacia mí. No pronunció palabra, pero parecía a punto de pedirme algo, quizás que lo ayudara a escapar del cerco que lo custodiaba con tanta fiereza. Por un brevísimo instante, el mago de las palabras, el Zeus de mi particular mitología, fue sólo un anciano preso entre montañas de libros.

lunes, 5 de marzo de 2007

Bolaño y sus detectives



Acabo de leer “Los Detectives Salvajes”, de Roberto Bolaño. Este escritor ha sido para mí un descubrimiento. Murió en el 2003, con apenas cincuenta años. Quizás el hecho de morir joven y en plena producción literaria ha contribuido a que ya forme parte de la leyenda de la literatura latinoamericana.

Bolaño era chileno, criado en México. Fue bastante bohemio. Vivió aceleradamente, con temporadas en Europa, viajes por Africa y América Latina. Murió esperando un trasplante de hígado que nunca llegó. Estaba considerado un “niño terrible”, no tenía pelos en la lengua para despotricar de los escritores comerciales y de todo lo que no considerara auténtico en el arte de la escritura.

También fue un escritor de obras monumentales. “Los Detectives Salvajes” tiene casi 600 páginas. Su obra póstuma: “2666” supera las mil. Con la primera ganó dos importantes premios literarios: nuestro “Rómulo Gallegos” y el Premio Herralde de Novela.

Los Detectives Salvajes es una obra fascinante. Impresiona su originalidad. Personalmente, me recordó por momentos los laberintos de “Rayuela”, de Cortázar; los rasgos de humor e intimismo de “La Vida Exagerada de Martín Romaña”, de Bryce Echenique y “Las Mil y Una Noches”, por la capacidad de concatenación de historias que se remiten unas a otras a lo largo del libro.

La novela está dividida en tres partes: Mexicanos perdidos en México; Los Detectives Salvajes y Los Desiertos de Sonora. La narración no es lineal. La acción de la primera parte comienza en 1975, con el diario del joven poeta García Madero, quien se une a una generación de poetas vanguardistas, encabezados por el mexicano Ulises Lima y el chileno Arturo Belano. Los real visceralistas, como se autodenomina el grupo, siguen los postulados de una poeta de los años veinte, Cesárea Tinajero.

En la segunda parte, la acción transcurre entre 1976 y 1996, siguiendo los viajes y vicisitudes de Belano y Lima, convertidos en los detectives salvajes, por varios continentes. En la tercera, se vuelve a 1976, al diario de García Madero y a los acontecimientos que suceden en la búsqueda frenética de Tinajero en los desiertos de Sonora. Esto permite al lector saber el final de la historia en la segunda parte, lo que puede sonar desconcertante, sólo para descubrir que hay muchos detalles ocultos que sólo serán explicados al leer la tercera parte.

Lo que más me gustó es que hay una multiplicidad de narradores. Más que el tema en sí, me parece extraordinaria la manera de narrarlo, la originalidad de hacer que todos los personajes muestren sus puntos de vista. La manera como el autor trató cada personaje, con sus historias individuales, con un tono apropiado para cada uno, pero al mismo tiempo guardando la ilación con los otros narradores.

Hay personajes entrañables, a quienes uno termina por tomarles cariño, después de tener leídas unas 300 páginas de sus disparatadas vidas, como Juan García Madero, Quin Font y su familia, Amadeo Salvatierra, Piel Divina, Auxilio.

Personalmente, pienso que Bolaño dibuja mejor los personajes masculinos. Me quedé con muchas dudas sobre la vida interna de las hermanas Font, miembros de una familia encantadoramente disfuncional y decadente, donde todos parecen competir por ver quién está más loco.

Fue una lectura por momentos densa, a ratos muy divertida, oscura, trágica, conmovedora. Descubrí en un site su discurso de aceptación del Premio de Novela Rómulo Gallegos. No tiene desperdicio. Para los interesados, aquí está el enlace:

http://sololiteratura.com/php/docinterno.php?cat=miscelanea&doc=87